domingo 19 de noviembre de 2017 -
A Revolta | Magazine Cultural Online
El joven Bilal

El 10 de marzo de 2012 falleció un artista cuyo legado puede estar en la discusión por ser el más influyente en la historia del cómic europeo. Definitivamente era el tótem más grande vivo. Lo cual deja el trono vacío, ¿o no? Eventualmente alguien ocupará esa parcela del imaginario colectivo. En la parcela de la ciencia ficción, yo voy a apostar por Enki Bilal.

El papá de Enki era bosnio, musulmán no practicante, y conoció a Josip Broz Tito en la guerra. Éste hizo de él su sastre personal. Su mamá, eslovaca, dio a luz a la criatura en Belgrado el 7 de octubre de 1951. El padre marcha a París en 1956, y finalmente el resto de la familia se exilia en Francia en 1960. A todos los efectos Bilal (naturalizado en 1967) es francés, y quizás eso es lo que le haya dado la oportunidad de desarrollar en plenitud su talento en la bande desinée, puesto que las oportunidades editoriales son las mayores del continente. Pero la sombra de sus recuerdos de infancia, de lo que dejó atrás y su dramática transformación posterior, se deja entrever a lo largo de toda su carrera.

Carrera que comienza en Pilote, la revista independiente fundada por el gran René Goscinny y otros mitos del cómic galo, posteriormente adquirida por la poderosa editorial Dargaud, a principios de los setenta. La irrupción de Métal Hurlant (1974) produjo a su vez una reacción en Pilote, que pasa a ser mensual y sufre una reorientación para buscar este nuevo público más adulto de la historieta. El cambio de escenario producirá la caída de Goscinny como redactor jefe de la revista, pero como contrapartida representa una oportunidad que el joven Bilal no desaprovechará.

Pilote #106En 1972 había debutado en Pilote con L’appel des étoiles, mostrando su estilo más primitivo y disperso en un acercamiento a algo casi obligado para todo interesado por la Ciencia Ficción, el universo lovecraftiano y su facilidad para dejar mal cuerpo. Pero es en 1975 cuando se da una circunstancia que impulsa el desarrollo creativo de Enki, pues empieza a trabajar con Pierre Christin, guionista veterano de Pilote, autor junto a Mézières de la exitosa fantasía estelar Valerian et Laureline. Christin dota de (pesada) carga interior a sus personajes, haciéndolos reflexionar en un estilo que engarza perfectamente con la parte gráfica de Bilal, cuya representación humana siempre tendrá algo de hierática, estatuas que nos podrían hablar de los milenios vistos por su mirada perdida. Conocidas como Légendes d’Aujord’hui, historias íntimas en marco surrealista, a nivel artístico muestran las influencias del ínclito Moebius o su socio Druillet, a la vez que el “estilo Bilal” va cogiendo cuerpo, de sus inicios más abigarrados a la maestría en el detalle y la composición.

De nuevo con Christin al texto, en 1979 lanzan Les Phalanges de l’Ordre Noir (Las Falanges del Orden Negro), ejercicio de revisionismo de la historia europea mediante el relato de los ajustes de cuentas entre veteranos fascistas y libertarios. El álbum es un gran éxito (para RTL es el mejor cómic para adultos del año en Francia) y supone prácticamente el cenit en la colaboración entre estos dos autores, salvo por una obra que comentaremos más adelante.

La década de los 80 será la de la consagración definitiva de nuestro hombre. Autor del guión y el grafismo de La foire des inmortels (La Feria de los Inmortales, 1980), con esta impresionante exhibición de ciencia ficción inicia la trilogía de Nikopol, cuya publicación definitiva le ocuparía más de una década.

Nikopol

En el ya no tan futuro 2023, Alcides Nikopol regresa de cumplir treinta años de condena hibernando en el espacio, por desertor. Su vuelta al planeta y la consciencia le lleva a un mundo que continúa la política de bloques hasta el esperpento, en el que el fascista Choublanc es el amo absoluto de un París en el que conviven la opulencia de una escasa élite con la más absoluta miseria de la mayoría de despojos de la Corte. Sobre París flota una pirámide: se trata de la nave espacial de los dioses egipcios, quienes se revelan como alienígenas que se han quedado varados en su peregrinar interestelar por falta de combustible. Choublanc negocia con ellos poniendo como precio a su ayuda la inmortalidad, pero los dioses no se han dignado a concedérsela. Sin embargo, no todos los dioses reman en la misma direccíón: el rebelde Horus se da a la fuga y se encuentra en el Metro con Nikopol…

Éste es, más o menos, el arranque argumental de una obra de enorme calado, indiscutible icono del ciberpunk, en la que se combinan el clásico trasfondo distópico con la cruel visión de los divinos sobre los pobres mortales. Y todo ello en medio de un sinfín de conspiraciones y ambiciones propias del noir que Bilal absorbió brillantemente de su trabajo con Christin. Añadid sus buenas dosis de acción, sus varios giros y su huida adelante y ya está el clásico preparado.

Nikopol es como el propio Bilal, un exiliado, en este caso de su pasado, cuya desilusión lo lanza a los brazos de Horus. El público se identifica con la extraña pareja y la obra se convierte en un éxito.

Partida de cazaHasta 1986 habría que esperar a la continuación de esta saga. Mientras, en 1983 se produce la edición final de la que es en mi opinión su mejor colaboración con Pierre Christin, Partie de chasse. Otro ejercicio de revisión histórica, sigue una cacería que reúne a miembros de los partidos comunistas de los diferentes estados del COMECON. A partir de diversos flashbacks biográficos presenciamos una visión de conjunto que trata de explicar la realidad comunista del Este y sus diferentes particularidades locales.

Realizada como decimos en el ínterin de su producción nikopoliana, se aprecia el estilo maduro de Bilal, los detalles y su textura (o las texturas y su detalle), el uso desvaído del color y los degradados… La terrorífica sombra de Stalin es retratada varias veces con la figura del halcón, ave de presa que entronca con el Horus inmortal. El álbum fue un tremendo éxito de crítica, y el hecho de que apenas un lustro después el colapso del comunismo europeo dejase las tesis de la novela gráfica sin marco de comparación no le resta interés, de cara a volver sobre ella.

Como dijimos, La Femme piége (La mujer trampa) salió en 1986, y con ella volvimos al mundo de Nikopol, el exótico futuro, no sabemos si pre o postapocalíptico, en el cual no te puedes fiar ni de tu memoria (otro tema recurrente en el ex-yugoeslavo).Jill Bioskopp  Antes de rematar la trilogía, tuvo tiempo Bilal para dirigir su primera película (con anterioridad había trabajado en efectos y diseño para obras de directores como Alain Resnais o Jean-Jacques Annaud), Bunker Palace Hôtel (1989). Escrita junto al fiel Christin, rodada en estudios de Belgrado (entonces Yugoslavia) y protagonizada por Jean Louis Trintignant y Carole Bouquet, seguimos en el marco del fantástico para presenciar un futuro próximo en guerra: mediante un tren blindado, los miembros de la élite de un régimen dictatorial acceden a un refugio aislado de los sinsabores del mundo. Dentro del mismo asistimos a las diversas maniobras por obtener y detentar el poder, presenciadas por los ojos de la rebelde Clara (Bouquet). El ritmo flojea por momentos, y como era de esperar el aspecto más destacable de la película es su acabado visual, con combinaciones de técnicas que cumplen para generar atmósferas, y planos trabajados e impresionantes, en los que se puede apreciar la influencia de autores como Tarkovsky.

Finalmente, en 1993 sale Froid Équateur (Frío Ecuador), último volumen de la trilogía de Nikopol. Es el mejor libro del año para la revista Lire (primer cómic que recibe tal reconocimiento). Una parte de la trama gira alrededor de un deporte imaginario, el ajedrez-boxeo (supongo que habréis deducido qué compone esta actividad). Frío EcuadorAños después, y en una de las grandes cumbres del frikismo, el holandés Iepe Rubingh dio en 2003 forma al deporte tal y como era descrito en el álbum, habiéndose celebrado desde entonces un número respetable de veladas.

De vuelta al cine, en 1997 estrena su segunda película como director, Tykho Moon, en este caso escrita junto a Dan Franck. Repite Trintignant en el reparto, que cuenta con el gran Michel Piccoli y con Julie Delpy, que siempre es bonita de ver en pantalla. Como vemos habitualmente (al fin y al cabo la ciencia ficción es uno de los géneros que más margen da a la opinión política, expresada habitualmente por las exageraciones que se permiten en la especulación), el futuro es una opresiva muestra de que la humanidad se condena a repetir una desenfrenada lucha por ocupar el vértice de la pirámide social, nuestro monolito cultural muchimilenario. Los McBee son una familia que detenta tan privilegiada posición en una colonia lunar que aparece como un facsímil de París, subdividido por muros al más puro estilo Berlín/Palestina. Esta familia se encuentra asediada por continuos atentados contra su supervivencia y posición, a la par que embarcada en la búsqueda de Tykho Moon, a quién daban por muerto pero aparentemente ha sobrevivido, y que es el único donante conocido para un trastorno degenerativo que afecta a los McBee.

El retrato del poder y su locura, la búsqueda de la inmortalidad, y su lógica inconsistente, es lo que muestra esta película. Estética noir, atemporal, son los medios que emplea para hacerlo.

En el siguiente paso de su carrera, el peso de la exigencia de suceder el incontestable éxito de las desventuras de Nikopol esperaba a Bilal en su vuelta al cómic, para el que anunciaba una nueva saga de ciencia ficción con la que intentar complacer a su exigente público. El resultado, Le Somneil du Monstre (El sueño del monstruo, 1998) sólo puede ser considerado un éxito.

32 de diciembre

Otra vez nos vemos emplazados en un futuro relativamente cercano, pero suficientemente desarrollado tecnológicamente para que quepa ese entorno “mágico” en el que dejarnos sorprender, tan característico del género. La situación se corresponde con un mundo de espías y terroristas cuyos objetivos últimos son difíciles de determinar. En el centro, tres personajes, Amir, Layla y Nike, huérfanos de guerra nacidos en pleno asedio de Sarajevo, y cuya historia hila Nike y su supermemoria, que le permite recordar cualquier detalle de su existencia hasta sus dos primeras semanas de vida.

La típica lucha por ser el amo del mundo entre extrañas degeneraciones de órdenes místicas (véase Herbert, Frank) se entremezcla con las peripecias de los protagonistas, y tampoco falta el elemento alienígena. El estilo maduro suaviza a la par que simplifica el trazo, el degradado culmina el juego de texturas frías y cálidas en la paleta de colores. Lo que en principio iba a ser una trilogía acaba por ser tetralogía, incluyendo 32 de Décembre (32 de Diciembre, 2003), Rendez-vous à Paris (Cita en París, 2006) y Quattre? (¿Cuatro?, 2007).

Por en medio, Bilal traslada por primera vez uno de sus cómics al cine. Nikopol era la elección obvia. El resultado, Immortel (ad vitam) (2004) es una adaptación de La Feria de los Inmortales, realizada en inglés con un presupuesto de más de veinte millones de euros, y en la que la acción se traslada de París a Nueva York. Combina imagen real con elementos en 3-D, lo que junto a atmósferas cuidadas y el exótico diseño habitual en el artista hace del aspecto visual uno de los fuertes del filme. Thomas Kretschmann es Alcide Nikopol, mientras que la Miss Francia Linda Hardy interpreta a Jill Bioskop.

El resultado comercial de la película fue inferior al esperado, pero eso no ha apartado definitivamente a Enki del cine, una obsesión con cuerpo propio a estas alturas. De hecho trabaja en la adaptación de Animal’Z (2009), trabajo que inicia su última saga en el mundo del arte secuencial (trilogía Coup de sang, continuada en 2011 por la historia de amor Julia et Roem), y en el que depura aún más el trazo, apenas carboncillo dando volumen y breves chispazos de color, para plantear la espinosa relación entre la humanidad y el resto de la existencia.

Un asunto vibrante que demuestra que sigue en la carrera, aunque su galope se acompañe de paradas aquí y allá en museos de todo el orbe. Cosas del status.

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