jueves 23 de noviembre de 2017 -
A Revolta | Magazine Cultural Online

WHERE IS MY MIND?

Carácter protopático de la televisión

Televisión contaminante

A principios del siglo pasado se creó un invento revolucionario para los medios de comunicación de masas, la televisión; pocos podían imaginar hasta dónde llegaría el que durante mucho tiempo fue considerado el más sofisticado de los medios de comunicación.

En la actualidad cuando una persona llega a casa después de trabajar, es habitual que se siente (o tumbe) en un sofá y encienda su televisor. Entre la gente joven desbanca a la tele el uso del ordenador, tablet o móvil para ver las situaciones más destacadas de la vida de sus “amig@s” (fotos indecentes, borracheras de la semana, situaciones vergonzosas, fotos de sus hij@s, gaticos o perros en actitudes absurdas…), incluso sucede a menudo que un grupo de amig@s se juntan un día para ir de fiesta, celebrar un cumpleaños, … y en realidad lo que sucede es que acaban viendo unos vídeos en el todopoderoso youtube. Sin embargo, la verdadera cuestión que nos interesa aquí es que según la mayoría, ver imágenes en una pantalla es relajante, es decir: estar sometido a un bombardeo de información audiovisual que tu mente trata de procesar a una velocidad mucho mayor a la que esta acostumbra a descodificar el mundo real, es una actividad que relaja nuestro cerebro, que nos hace descansar del día a día, o según alguna gente, que nos tiene entretenid@s e incluso nos hace compañía; está claro que cada uno puede decir lo que le parezca para defender el supuesto “aparatito mágico”. El caso es que detrás de ese aparente descanso existe un proceso protopático, esto es, una especie de sensaciones somáticas, de dolores que no notamos muy bien por no estar centrados en una parte de nuestro cuerpo pero que al fin y al cabo sufrimos igual.

Cuando nos sentamos delante del televisor, se desencadenan en nuestra persona una serie de procesos naturales que están destinados a hacer una actividad artificial, ver la tele. Así adaptamos los oculares de nuestros ojos a la superficie de la pantalla y por lo tanto ya no hay tantos planos como en la realidad, sino que todos se quedan resumidos en uno, de tal manera que se supone que ahorramos mucho en hacer esfuerzo, lo curioso es que no hay tal ahorro porque la cantidad de estímulos sea menor, ya que en una tele podemos llegar a ver muchísimas cosas que llaman nuestra atención y despiertan nuestro interés, la cuestión es que están todas metidas en una cajita más o menos pequeña y eso puede llegar a producirnos descargas hedonísticas de satisfacción. Está claro que si recibiéramos tantos “fogonazos” de información en los múltiples planos que conforman nuestra realidad circundante, colapasaríamos nuestro sistema nervioso, pero cuando hacemos un viaje interespacial a través del televisor no parece que nos ocurra nada, sentados en el sofá, “relajad@s” de forma cómoda. Es más, alguna gente dice que su imaginación sale volando, si nos paramos a pensarlo detenidamente nos daremos cuenta de que nuestra imaginación ni siquiera está operativa mientras vemos la tele, sin embargo, sí que están sucediendo procesos similares entre nuestro inconsciente y nuestro consciente, ya que a pesar de que este último sabe que cuando en una película le disparan a una persona estamos siendo sometidos a un registro audiovisual ficticio, por el contrario nuestro subconsciente genera una serie de hormonas que preparan el cuerpo para tal circunstancia, nuestras glándulas suprarrenales por ejemplo, van a segregar un importante flujo de adrenalina.

Muerte de la TV por Man (Camelle). Foto: Javier PradoPara Cohen-Séat y Fougeyrollas la imagen produce el impacto en nuestro cerebro sin que nos dé tiempo a activar los mecanismos de control necesarios. Según su tesis, la acumulación de imágenes resplandecientes y una rápida sucesión, haría que la intuición y la afectividad entraran en juego antes de que las instancias de control de la personalidad llegaran a estar en condiciones de captar los mensajes intencionales, algo que no sucede en la comunicación oral o escrita. La televisión por lo tanto actúa sobre el instinto y no sobre el raciocinio. El premio nobel de medicina Konrad Lorenz se refiere a este proceso del siguiente modo: La excitación instintiva reprime el comportamiento racional, el hipotálamo bloquea o córtex.

Todo este proceso protopático da lugar no solo a procedemientos irracionales y al aumento del hedonismo, sino también a una pérdida casi absoluta de la capacidad imaginativa y creativa que sustituimos voluntariamente por el visionado constante de imágenes (al menos durante el tiempo que estamos sometidos al influjo televisivo). A partir de los nueve años, l@s niñ@s pierden esta capacidad y dejan de ser libres para estimular su imaginación, es un dato que desde un punto de vista sociológico, viene dado por la permisividad con la que padres y madres dejan que sus hij@s sean “educad@s” por la televisión y otros medios tecnológicos. L@s pequeñ@s quedan sometid@s a una serie de imágenes, de iconos, de símbolos que solo pueden entender encuadrándolos en un contexto técnico y de los que un/a niñ@ no saca ningún sentido, por lo menos en lo que al mundo real se refiere. Así, va a ser muy difícil que consiga reordenar en su estructura mental una serie de imágenes y situaciones sociales que adoptó como genéricas o normales, pero que no tienen nada que ver con la realidad misma. De este modo se levanta una especie de muro conceptual en la concepción que el/la niñ@ hace del mundo. ¿Qué sucederá con las generaciones venideras educadas totalmente de una forma iconográfica?

Me quedo para terminar con las palabras del filósofo y psicólogo Jose Luís Pinillos: Las motivaciones, el pensamiento, la imaginación de nuestro tiempo se encuentran en manos de la medioklatura. La pantalla del televisor es el púlpito desde el que se predica a todas horas una imagen del mundo y de la vida de la que está empapada nuestra mente. Yo sigo siendo yo y mi circunstancia, desde luego, pero mi circunstancia está dejando de ser mia, ya que me la conforman los mass media.

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