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viernes 17 de agosto de 2018 -
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En un tiempo donde la velocidad de las comunicaciones ha aumentado el frenesí de nuestras vidas, el británico Michael Winterbottom (Blackburn, 1961) lleva casi veinte años dirigiendo películas a un ritmo superior al de un largo al año. Y lo ha hecho manteniendo una consistencia y calidad que lo hacen destacar entre la oferta de la cartelera, y además, sin repetirse en demasía (de la dificultad de esto puede dar cuenta todo un genio incontinente como Woody Allen).

Winterbottom comienza su carrera en la televisión, en el campo de la edición y el montaje, para posteriormente pasar a la dirección, con un par de documentales sobre Ingmar Bergman, unos cuantos capítulos de alguna que otra serie y dos largometrajes para la caja boba. En 1994 funda, junto al productor Andrew Eaton, Revolution films. Ya desde el nombre anuncian un cierto nivel de compromiso ideológico, no veremos películas de acción mata-mata a cargo de esta gente sino que sus historias conllevan una reflexión sobre este atribulado mundo nuestro, incluyendo una perspectiva global y cosmopolita que va más allá del siempre complaciente Occidente.

butterfly kiss Su debut en las grandes pantallas llega con Butterfly Kiss (Besos de mariposa, 1995). Escrita por Frank Cottrell Boyce, con quien Winterbottom ya había trabajado anteriormente en TV, y con quien volverá a coincidir regularmente a lo largo de su carrera, se trata de una road movie teñida de amor patológico que fue vendida como el reverso tenebroso de Thelma y Louise. El montaje permite contrastes adecuados tanto para la tensión como el humor (macabro), y la película se sostiene en base a las excelentes interpretaciones del dúo protagonista: Amanda Plummer destila puro caos, mientras que no menos meritoria es la aportación de Saskia Reeves entregada a la vorágine que se le presenta. Cuatro temas de The Cranberries en la BSO dan muestra del carácter angustioso y retorcido de la trama, despachada por el director con agilidad aunque sin evitar escenas “de autor”, en las que un bosque, una playa o un pasillo sobre la autopista aportan los marcos para el drama.

go-nowEl mismo año sale Go Now. Protagonizada por Robert Carlyle justo antes de saltar a la fama (con Trainspotting y Full Monty), es un drama en todo lo alto y de la variedad más hardcore, la que incluye enfermedades letales degenerativas, en este caso concreto esclerósis múltiple que afecta a Nick (Carlyle), albañil y futbolista amateur escocés que se enamora de Karen (Juliet Aubrey). Sin embargo, cuando el amor entra por la puerta, la enfermedad lo hace por la ventana. En realidad se trata de una película para televisión, pero su indudable calidad la hicieron merecedora del Prix Europa al mejor largo televisivo de su correspondiente ejercicio. La banda sonora combina el mejor rhytm and blues (cinco pepinazos de Joe Tex) con el trip hop en boga en la época (Tricky, Massive Attack, Portishead).

En 1996 se estrena Jude. Adaptación de Jude, el oscuro, novela de Thomas Hardy (sería el inicio de la relación entre Winterbottom y el gran escritor victoriano), el director continúa la tendencia de trabajar con gente que está a punto de ser famosa, en este caso la pareja protagonista, con Christopher Ecclestone (acabaría encarnando al Doctor Who) y la Kate Winslet pre-Titanic. Historia de un amor problemático, Jude está narrada con gran naturalidad y es una muestra temprana de la versatilidad del autor. Además del estupendo trabajo del dúo protagonista, hay que destacar que la fotografía acompaña gélida y apropiadamente el devenir de la trama.

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Al año siguiente cambia el drama historicista por uno bélico, y además, actual. Welcome to Sarajevo es la alternativa británica a Territorio Comanche, con el mismo tema periodístico en el marco del guerra de Bosnia, y fue rodada en el propia Sarajevo apenas un año después de que los organismos internacionales decretaran el fin oficial de las hostilidades. El uso de material de archivo puede herir sensibilidades… Stephen Dillane interpreta a un welcometoperiodista de guerra británico que se ve comprometido en la tragedia de un orfanato en plena línea de fuego. Basada en una historia real que es un ejemplo de heroísmo pero también da pie a un complejo debate ético, la película utiliza la música como contrapunto al horror, siendo el ejemplo más claro el uso del mítico Don’t worry, be happy de Bobby McFerrin. Sin embargo, el concierto de violín final y la infinita tristeza del adagio de Albinoni marcan el tono de la película, aunque como casi siempre Winterbottom deja lugar a la esperanza.

I_Want_YouEl paso siguiente del director es I want you (1998), donde Helen (Rachel Weisz) encarna un vórtice de obsesión sexual para dos generaciones distintas de locuelos. Thriller en el que paulatinamente se nos desvelan los antecedentes de la historia, se trata de una obra menor, también en la extensión (poco más de 80 minutillos), pero no ajena al sello de su autor. La habitual tendencia de Winterbottom a mezclar diferentes cámaras y técnicas de filmación es aplicada en este caso para expresar las emociones de Honda, el chico mudo. El apartado musical, bien, gracias, como casi siempre. La canción titular, interpretada por Elvis Costello, puntúa una de las escenas climáticas de la película.

with-or-without-you-dvd-cover-artEl mismo año saca la comedia Contigo o sin ti (With or Without You, 1998). Ambientada en Belfast, vuelve a contar con Christopher Ecclestone como protagonista masculino, en esta ocasión emparejado con la actriz irlandesa Dervla Kirwan. Ambos dan vida a un matrimonio que está buscando la paternidad, a la vez que padecen la intromisión de antiguas relaciones y los consiguientes equívocos de la manida lucha de sexos. En definitiva una agradable comedia romántica, divertida y a veces ácida en su humor británico pero finalmente dulce, como exige el género.

La siguiente obra del director recupera calado, y marca también un punto de inflexión en la propia manera de rodar de Winterbottom, profundizando en la improvisación a la manera de viejos maestros como Robert Altman. Wonderland (1999) sigue las vidas de la familia formada por Bill, Eileen y sus tres hijas emancipadas, pertenecientes a la clase trabajadora todas ellas, durante un fin de semana. La forma elegida es el vídeo digital, con mucha cámara en mano que brilla sobre todo en las escenas de callejeo por el hormiguero de Londres. La partitura de Michael Nyman (quien reconoce que esta banda sonora es su preferida entre todo su trabajo para el cine) se mezcla perfectamente con estas escenas más documentales que otra cosa, obteniendo una rara belleza. El drama cotidiano acaba teniendo de todo, cada protagonista enfrenta su propia ración de confusión y soledad. El resultado está en la mejor tradición coral, es un fresco hermoso en sus alegrías y sus tristezas, una sinfonía urbana en la que todo el reparto cumple de maravilla pero es quizás la estampa de Gina McKee la que se queda más profundamente en la retina del espectador.

wonderland

Por su parte, El perdón (The Claim, 2000) es un western desmitificador y crepuscular que ha quedado algo infravalorado. Adaptación de otra obra de Thomas Hardy, en este caso El alcalde de Casterbridge, nos presenta a Daniel Dillon, personaje interpretado por el genial Peter Mullan, amo y cacique de Kingdom Come, un pueblo de las montañas californianas, originado alrededor de una explotación minera. Este hombre hecho a sí mismo está intentando el-perdonque el ferrocarril pase por Kingdom Come, a base de convencer, sobornar o lo que sea a la compañía ferroviaria, pero a la vez debe enfrentarse a un pasado que vuelve a por él en la forma de mujer e hija a las que literalmente vendió tiempo atrás, antes de conseguir fortuna y gloria. Milla Jovovich interpreta a la madame de un burdel en un papel pensado para Madonna (quien muy probablemente lo haría mejor).

El elevado presupuesto y las dificultades de rodaje en Canadá (el director padeció congelación), junto a un resultado comercial inferior al esperado, hacen que la valoración global de la película deba ser negativa para su autor. Sin embargo, a continuación llegó la obra de mayor repercusión de Winterbottom, 24_hour_party_people24 Hour Party People (2002). El personaje real Tony Wilson (fallecido en 2007), fundador del sello Factory Records y del club The Hacienda, es interpretado por Steve Coogan como hilo conductor de una historia panorámica de lo que el mundo conocería como Madchester. Desde la escena inicial en ala delta, Coogan rompe la cuarta pared, dirigiéndose al público y explicándole los distintos niveles a los que funciona el film. Con posterioridad, la película se desarrolla en dos partes bastante diferenciadas, la primera contando los avatares de Factory Records y Joy Division, la segunda centrada en la escena club y las gamberradas de los Happy Mondays. Escenas históricas (como el primer concierto de los Sex Pistols en Manchester) se combinan con momentos más personales y/o alucinados, estando presentes por igual comedia y drama. Y la banda sonora es estupenda, claro.

El siguiente movimiento en la carrera de Winterbottom le lleva de una elaborada reconstrucción de los mitos del rock’n’roll a un docudrama de denuncia In_This_Worldsocial: En este mundo (In This World, 2002) cuenta una historia de emigración, el viaje ilegal de dos refugiados afganos desde Pakistán hasta su meta en Londres. Rodada con actores no profesionales, se trata de una película tan cruda como se pueda prever, que obtuvo el beneplácito del jurado del Festival de Berlín en 2003, donde fue galardonada con el Oso de Oro a la mejor película.

Y de nuevo un golpe de timón en la filmografía del creador británico, para afrontar una historia de ciencia ficción. Aunque en realidad, Código 46 (Code 46, 2003) resulta ser finalmente un ejemplar de cine negro, más allá de su ambientación futurística. Esta se logra mediante el rodaje en distintas exóticas localizaciones alrededor del mundo, a través de las cuales seguimos a William Geld (el versátil Tim Robbins), funcionario del futuro cuya investigación le acaba ligando a María, mujer fatal encarnada por Samantha Morton. La relación entre estos dos personajes capitaliza la película, cuya principal aportación al margen de la trama policíaca es la creación de un marco distópico que establece la segregación entre habitar las ciudades y ocupar los espacios interurbanos.

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Por su parte, 9 Songs (2004) es una historia de amor narrada desde los saludables encuentros sexuales de una pareja, en lugar de la narrativa convencional del cine, que realiza elipsis en estas decisivas y estimulantes situaciones. El dúo protagonista, Kieran O’ Brien y Margo Stilley, lo da todo por la cópula, y la cinta es un salteado de dichas escenas eróticas con diversos momentos de música en directo. Las nueve canciones del título contienen un revoltijo variado de la escena rockera independiente de aquel momento: Black Rebel Motorcycle Club (brillante su último Love Burns), Elbow, Franz 9_Songs4Ferdinand, Goldfrapp, Primal Scream, Salif Keita, Super Furry Animals, The Dandy Warhols y The Von Bondies, además de un interludio de Nyman. El resultado, un videoclip de una horita más disfrutable cuanto más llevadero te resulte lo explícito.

En 2005 se embarca en otro ambicioso proyecto junto al inefable Steve Coogan, la adaptación cinematográfica del libro Vida y opiniones del caballero Tristram Shandy (Lawrence Sterne, 1759-1767), una de las obras más originales del dieciocho anglosajón. Debido a la naturaleza de la obra, llena de digresiones a cargo del narrador, Tristram Shandy, en lo que se supone que debería ser una autobiografía, siempre se ha considerado imposible realizar una adaptación dramática de la misma. El enfoque de Winterbottom en Tristram Shandy: A Cock and Bull Story es realizar un ejercicio metacinematográfico que aborda el rodaje de una tristshandysupuesta película sobre el libro. Se suceden los gags, descacharrantes, sobre originales escenas (desvaríos en su mayoría) que intentan captar la esencia burlona de la obra, destellos del infinito repertorio de extravagancias utilizado por Sterne, y de nuevo se le dan a Coogan los galones para cargar con el hilo narrativo a base de exponer en primer plano su augusta persona. El resultado es convincente de nuevo, y el trabajo del comediante, más que notable. A destacar la química de bufón a bufón que se establece entre Coogan y otro histrión de envergadura, el galés Rob Brydon.

No tardaría en volver a la protesta Winterbottom, en forma del documental Camino a Guantánamo (The Road To Guantanamo, 2006). Cuenta la historia de los que serían conocidos como Tipton Three, tres musulmanes británicos que en un viaje de turismo a Afganistán fueron detenidos por la Alianza Norte y entregados al ejército estadounidense, quien los trasladó a la infame prisión establecida en la base de Guantánamo, Cuba. El film documenta las torturas que allí sufrieron durante los dos años de su injustificado cautiverio, y este enfoque reivindicativo sería premiado de nuevo en Berlín, donde se le otorgó el Oso de Plata a la mejor dirección.

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Para cerrar la trilogía sobre el conflicto afgano (mucho menos sobado por el cine occidental que el fregado iraquí), en 2007 dirige Un corazón invencible (A Mighty Heart), basada en la historia real de Marianne Pearl, cuyo marido, el periodista Daniel Pearl, fue secuestrado en Karachi en 2002. Sin duda se a_mighty_heart_angelina_jolie_imagetrata de una película pensada para el lucimiento y reconocimiento crítico de su protagonista, Angelina Jolie (el amigo Brad Pitt es productor de la cinta), pero al margen de estrellas de dudosas aptitudes dramáticas, la historia resulta un thriller con suficiente tensión, siguiendo a esta abnegada madre coraje en la búsqueda de su desaparecida media naranja.

La pérdida de los seres queridos es igualmente el motor de Génova (2008), en la que Joe (Colin Firth, que realiza un ejercicio de contención y emotividad como los que nos acostumbra habitualmente) es un padre viudo a cargo de dos hijas a las que lleva a Italia tras la muerte de su madre. Su estancia en Génova lidiará con el trauma, a la vez que se nos muestra la bella ciudad italiana, sus estrechos callejones, sus plazas, sus templos, su costa, bajo un acertado juego de luces y sombras. De algún modo, tanto claridad como oscuridad resultan cálidas: la cinematografía corresponde a Marcel Zyskind, danés colaborador habitual de Winterbottom. Llegado un punto, el drama adquiere un matiz sobrenatural: el resultado es una historia de interés, que fue premiada con la Concha de Plata a la mejor dirección en Donosti y además cuenta con la siempre estupenda Catherine Keener.

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La siguiente película del director vuelve a poner en primer plano el enfoque político: el documental La doctrina del shock (The Shock Doctrine, 2009) es ladoctrinadeshockuna puesta en escena de las tesis contenidas en el best seller homónimo de la periodista canadiense Naomi Klein, sobre las relaciones entre las maniobras políticas de nuestro tiempo y el monopolio sobre el pensamiento económico ejercido por las escuelas neoliberales y la gente de Chicago, Harvard o Columbia. La película consiste en materiales de archivo sobre los que la voz en off desgrana los hechos referidos, y es un material denso, carente de los fogonazos de humor que adornan otras obras de denuncia anticapitalista, con el que en un principio Klein no se mostró muy complacida, aunque aparentemente ha acabado aceptando el resultado final.

Aligerando el tono, The Trip se trata de una miniserie televisiva de 2010 que involucra a los personajes semificticios de Steve Coogan y Rob Brydon, ya introducidos en A Cock and Bull Story, en un viaje correspondiente al encargo que el atribulado Coogan recibe del periódico The Observer para realizar reseñas críticas sobre una serie de restaurantes. Coogan pide a Brydon que le acompañe, para así evadirse de sus presentes problemas conyugales, y el resultado es otro afortunado ejercicio de comedia (con sus patéticos momentos de reflexión) en el cual se da rienda suelta al potencial para el desbarre de los dos protagonistas, siempre dispuestos a medirse en imitaciones (brutal el repaso que le meten a Michael Caine) o declamaciones varias. Los seis episodios de la serie fueron montados como película y ésta se vio estrenada en diversas pantallas del mundo (entre ellas, y con un par de años de retraso, las españolas).

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El demonio bajo la piel (The Killer Inside Me, 2010) parte de una novela de Jim Thompson y no es ningún spoiler (el título no deja lugar a equívocos) si cuento que se trata del retrato de un asesino. Casey Affleck (demostrando una vez más que es el actor de la familia: no digo que el futuro Batman carezca de talento, pero lo que es la interpretación no es lo suyo) encarna a un ayudante de Sheriff en Texas que se ve involucrado en una trama con los poderosos de demoniola ciudad. Mujeres fatales, chantajes, venganzas… todos los tópicos del cine negro transcurren bajo la blanca luz del desierto. La presencia de dos estrellonas como Jessica Alba y Kate Hudson hace que, aunque el tema sexual esté muy presente, se enseñe menos carne que en otras películas del director. Lo brutalmente explícito queda para la violencia, cuya crudeza llega a la grima.

La tercera y hasta ahora última adaptación de Thomas Hardy realizada por Winterbottom es Trishna (2011), basada en Tess, la de los d’Urbeville (1891), novela que ya fuera llevada a la gran pantalla en su momento por Roman Polanski. Esta versión simplifica bastante los avatares de la protagonista y traslada la acción a la India contemporánea: rodada en Jaipur y Mombay, ofrece por momentos una imagen tópica de postal, pero la propia naturaleza de la historia alimenta la crítica por las discriminaciones de género o sociales. La joven e inocente Trishna (Freida Pinto), pobre de solemnidad, se convierte en el foco de los desvelos del señorito Jay (Riz Ahmed), a través del cual abandona su Rajastán natal para descubrir que en todas partes cuecen habas.

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Everyday (2012) fue rodada durante cinco años para conseguir el adecuado envejecimiento de los protagonistas con respecto a la historia, que es la de un padre de familia (John Simm) que cumple condena en prisión por tráfico de drogas mientras fuera le esperan su mujer (Shirley Henderson, una de las actrices más utilizadas por el director) y progenie. El vídeo digital es el soporte principal para rodar un film que recupera la frescura, inmediatez y naturalidad de las mejores cintas del de Blackburn.

everyday

 Este año el director ha vuelto a coincidir con Steve Coogan en The Look of Love, basada en la vida de Paul Raymond (Liverpool, 1925 – Londres, 2008), un magnate del erotismo e inversor del ladrillo que llegaría a ser conocido como el Rey del Soho. La película nos muestra como este hombre monta su imperio a base del que hablen de ti, aunque sea mal, como entra en el negocio de las revistas guarrillas y, en general, como encadena un éxito tras otro, mientras su vida personal sufre las consecuencias, por supuesto. Con los desnudos garantizados por el tema de la historia, la infidelidad del protagonista se da prácticamente por descontada desde el primer momento, y la consecuencia es una familia disfuncional de primer orden. En general Coogan hace un notable ejercicio de contención dramática, consiguiendo que el biopic mantenga el interés aunque el tramo final se haga un pelín largo.

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 Y esto es, a grandes rasgos, lo que este realizador nos ha ofrecido hasta el día de hoy, un menú variado y nutritivo, al que ya tiene previsto incorporar media docena de platos más. Porque si algo nos ha quedado claro, más allá de sus inquietudes ideológicas o la apuesta por la liberación de las formas, es que Michael Winterbottom no cree en los descansos creativos. Stajánov estaría orgulloso de él.

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