domingo 19 de noviembre de 2017 -
A Revolta | Magazine Cultural Online

SOBRE PIZARRA, CRUMB Y OTRAS HISTORIAS

Robert Crumb

Comienzo ésta mi primera colaboración con la revista, dedicando unas palabras a un tipo que, peculiar donde los haya, siempre he guardado con cariño en mi memoria y más que por su fama mundial como, quizás, el principal exponente del cómic underground desde sus inicios, por su eterno amor a la música americana de la primera mitad del siglo pasado. Me refiero al escuálido, enfermizo e impagable Robert Crumb.

http://www.flickr.com/photos/sagabardon/4135306497

Mi acercamiento al Blues, muy poco después de haber dejado de usar pantalón corto, no vino de la mano de los grandes maestros negros. Como cualquier otro miembro de mi época descubrí la música con el coletazo tardío de la generación del 68 que bañó este país mucho después, tras la caída de la dictadura y aquella ráfaga continua de nueva información, me descubrió un mundo nuevo, plagado de colores y ritmos, que inundó mi superlativa inocencia de entonces, comandado en su mayor parte por huestes blancas cuyo origen provenía de más allá de Beatles o Elvis. De hecho, la primera cinta de cassette que compré con el dinero que iba juntando (básicamente proveniente de las limosnas que me daban mis múltiples tíos y tías en las reuniones familiares) fue el Slowhand de Clapton que, previamente había escuchado en casa de un amigo de mi calle, que tenía una torre de sonido que era la gloria comparada con mi vulgar casetucho. Todo esto significa que, al poco rato, empezaron a circular grabaciones en cinta de cassette de un montón de música variada. Y allí se orellaba tanto rocanrol, como Blues, celta, sinfónico, heavy, folk y también punk. Sin embargo, pronto me di cuenta que, entre tantos estilos diferentes, mi piel se erizaba de forma especial, cuando sonaban Janis, Clapton, Mayall, los Animals, Rory Gallagher o Mike Bloomfield que con cualquier otra cosa. Poco tardé en darme cuenta de que había un nexo común en lo que me hacía vibrar y ese nexo se llamaba BLUES.

Recuerdo también por entonces, que me atraía más el sonido eléctrico que el acústico y dentro de lo eléctrico, no era Hendrix una de mis prioridades (de hecho llegué a apreciarlo realmente de forma bastante tardía). Si hubiese un contador de veces en las que sonó una canción en aquel mi primer tocadiscos que me había regalado mi gran amigo Xurxo Valiñas, el cual había pertenecido antes a su hermana, podría asegurar, sin riesgo a equivocarme, que, los tres primeros puestos en mi casa serían para la versión del “Have you ever loved a woman” de Clapton y Duane Allman con Derek & The Dominos, el “Bullfrog Blues” del Live in Europe de mi querido Rory Gallagher y el “Lazy” del Machine Head de los Deep Purple.

En aquellos tiempos existía algo llamado Discoplay, que era una revistilla en la que se compraba música contrarreembolso a precios relativamente asequibles y así, gracias a esa revista, uno se animaba a ahorrar para hacerse con discos de músicos que no conocía, al verlos de oferta y categorizados como Blues. De esa forma, en tiempos en los que no existía todavía ni la sombra de Internet, comencé a conocer nombres como Jimmy Reed, John Lee Hooker, Muddy Waters, Memphis Slim y otros muchos. Como anécdota, comentar que en Discoplay, de cuando en vez, te enviaban un regalo junto al pedido realizado y ese obsequio consistía en algún disco gratuito, pero lo curioso y digno de cierto descojone es que, a veces, venía una funda-sobre blanca y dentro había un disco que podía traer por una cara un directo de, por ejemplo, Carlos Puebla (conocido cantante de la revolución castrista) y por la otra, otro directo de Mike Bloomfield o el surrealismo máximo plasmado en una cara A de Mari Trini y una cara B de Sony Boy Williamson II. Brutal.

http://www.flickr.com/photos/elbragon/6338364458/Pero en fin, a estas alturas, alguno se preguntará “vale, al principio ibas a hablar de Crumb” y, en efecto, va llegando la hora de ver como entró Robert Crumb en mi vida. Como he insinuado antes, era algo muy común que discos, libros, cómics y demás, rulasen de mano en mano. Todo bicho viviente tenía por casa algo prestado (que en no pocas ocasiones acababa como posesión) me río de la crisis porque yo recuerdo mis viejos tiempos siempre en crisis, sin un chavo en el bolsillo, estirando la cerveza todo lo humanamente posible en el bareto de turno y echando un vistazo los domingos en el rastro, a ver si aparecía alguna bicoca para gastar lo poco que quedaba de la micropaga que me daban mis viejos, pero bueno, eso es otra película. La cuestión es que alguien me había dejado un montón de cómics y entre ellos había una historia que se titulaba “Melodías animadas” y estaba firmada por un tal Robert Crumb. Confieso que me sorprendió enormemente. Aquellas endiabladas historias, en cierta manera salvajes pero también a la vez llenas de una extraña ternura, no paraban de hacer referencias continuadas al Blues, pero a un Blues primitivo, un estilo que me había pasado desapercibido, representado como algo maravilloso, superior y lleno de autenticidad, algo que, de alguna manera, también pertenecía a ese mismo concepto con el que se tachaba los cómics de Crumb: “Underground”. Creo que fue un detonante para mí en cuanto a la manera de ver y entender el Blues.Melodías Animadas - Robert Crumb No en cuanto a la esencia, que era la misma, sino a su verdadero origen. Si bien en mi interior creía que Rory Gallagher y Mike Bloomfield eran las más altas cotas sobre feeling y autenticidad, empezó a rondar por mi cabeza, la idea de que existía todo un mundo que no había sabido valorar hasta entonces, un universo enormemente rico que constituía el origen de todo lo que yo amaba musicalmente y con un alto grado de una espiritualidad profundamente humana. Y a partir de entonces, comencé a interesarme mucho más, tanto por Crumb como por toda aquella vieja música que, hasta ese momento, solo había fijado en mi memoria, unos cuantos nombres, los más conocidos por la mayoría. Aún recuerdo lo extraño que me pareció cuando leí o escuché en algún lado una frase lapidaria de Crumb que rezaba algo así como que la música había muerto en 1940 o que todo lo que realmente merecía la pena se había terminado con los discos de pizarra. Pizarra, qué curioso ahora que lo pienso, que uno de los pocos festivales de Blues activos en Galicia sea el de O Barco de Valdeorras, lugar famoso por sus minas de pizarra… Festival Blues no Sil

Pero todavía sería varios años más tarde, ya a principios de los noventa, en los comienzos de los Miki Nervio & The Bluesmakers actuales (la mayoría no sabe que hubo otra etapa previa con otros miembros, en tiempos universitarios) cuando descubriría la música de Robert Crumb con su banda, los Cheap Suit Serenaders. Antonio “Camarón”, el verdadero germen de que existiese esta segunda etapa de nuestra banda, me había comentado en varias ocasiones que Crumb había tocado la mandolina en un grupo en los años setenta. Mis intentos por conseguir algún disco de esa banda, fueron inútiles y ya casi lo había olvidado cuando un sábado por la mañana, dando una vuelta por el centro, se me ocurrió entrar en la desaparecida “Virgin” y allí cerca de la entrada, vi un par de mamparas con discos de oferta y como siempre, ése era mi terreno. Comencé a rebuscar sin demasiadas ganas, por si entre toda aquella morralla podía haber algo medianamente aceptable y Robert Crumb & The Cheap Suit Serenaders portada Chasin' Rainbows tras ir desechando ingentes cantidades de bazofia, de repente, mis manos tocaron algo en lo que se veía un dibujo que me resultaba muy familiar, bajo el que se leía: R. Crumb And His Cheap Suit Serenaders y en un círculo rojo lo que parecía ser el título del disco “Chasin’ Rainbows”. Pasaron unos segundos como si el tiempo se hubiese detenido, mis neuronas, esa mañana todavía en fase de semi-letargo empezaron a establecer conexiones entre ellas y de repente todo mi ser tuvo una repentina ebullición interna, una especie de shock que desprendía al espacio partículas contenedoras de una extraña mezcla de incredulidad y excitación. Mis dedos se aferraron al disco haciendo una presa que no me explico como no destrozaron la carcasa. No podía ser cierto, estaba allí, uno de los discos que había dado como algo imposible, estaba en mis manos y a precio de ¡¡Saldo!!.

Robert Crumb & The Cheap Suit Serenaders portada Singing In The Bathtub Os parecerá mentira pero unos días después volví por allí y hallé también el otro cd que existe como tal “Singing In The Bathtub” (pues su primer disco sólo salió en vinilo) y desde luego, son discos que quedaron marcados en mi memoria, los cuales sigo guardando como oro en paño. Años después, ya con Crumb constituido como una figura referente para mí, con internet en pleno apogeo, seguí su pista hasta Francia y acabé comprando otras tres absolutas joyas tanto musicales como de diseño, con su maravillosa banda francesa “Les Primitifs Du Futur”, en la que la música de los años treinta, el Blues y la canción Francesa se fusionan de una manera deliciosa.

Les Primitifs Du Futur portada Cocktail D'amour  Les Primitifs Du Futur portada World Musette  Les Primitifs Du Futur portada Trop de Routes...

Hoy día, cuando reflexiono sobre todo esto, me doy cuenta de la importancia que ha tenido este singular y pernicioso individuo en mi trayectoria y de cómo ha llegado a influir en mi óptica o en la manera de entender la música que me gusta. En el tintero me quedan muchas cosas que deberían mencionarse, como su entrañable baraja de retratos de figuras del Blues y del Jazz de antaño, las múltiples portadas que dibujó para viejos discos de músicos que le entusiasmaban, el insólito reportaje titulado con su mismo nombre, realizado en 1994 por su colega miembro de los Cheap Suit Serenaders “Terry Zwigoff” (convertido a día de hoy en un interesantísimo director)  o profundizar sobre su faceta como dibujante de cómics. Pero todo eso voy a dejarlo para otros más duchos que yo en la materia y también a vuestra posible labor de investigación, si he conseguido despertaros algo de interés.

Heroes del Blues dibujados por Crumb   heroes del Jazz dibujados por Crumb

Os dejo, como despedida, la canción que da título a ese primer disco maravilloso que conseguí de la sorprendente manera que os he relatado y que ahora reposa sobre mi mesa y suena una vez más en mi habitación mientras escribo estas palabras. Abrazos para todos, por mi parte, me quedo persiguiendo arcoiris.

 

Sitio web oficial de Crumb

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1 comentario

  1. kastroll 24 septiembre, 2013 at 14:29

    Gran artículo. El blues transmite esa sensación orgánica de autenticidad de la misma manera que lo hace el trabajo de Crumb o, por extensión, todo aquello auténticamente underground, situado fuera del paraguas de lo oficial y bien visto de cada momento y sociedad. A su vez, auténtica es también la descripción de la odisea de encontrar material antes del aluvión de internet… Enhorabuena.

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