lunes 17 de junio de 2019 -
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EL SUEÑO SEGÚN LINKLATER

linklater

La rotoscopia es una técnica de animación consistente en “dibujar” sobre los fotogramas de una grabación de vídeo convencional. Se trata de una técnica centenaria, empleada por Disney en Blancanieves y los siete enanitos (1933), y en otras películas como Yellow Submarine (1968), la versión de Ralph Bakshi de El Señor de los Anillos (1978) o Heavy Metal (1981).

En tiempos más recientes, la aparición de la tecnología digital ha simplificado y abaratado este proceso, haciéndolo asequible más allá de las producciones de los grandes nombres de la animación. Tenemos un ejemplo cercano en la colaboración entre Fernando Trueba y Javier Mariscal, Chico y Rita (2010).

El director estadounidense Richard Linklater (Houston, 1960) apostó por esta técnica en la película Despertando a la vida (Waking Life, 2001), probablemente para conseguir capturar el ambiente onírico que la obra exige desde su planteamiento. El resultado no deja a nadie indiferente…

Para ponernos en situación, Linklater ha sido uno de los autores más interesantes en el cine “independiente” norteamericano del último cuarto de siglo, dispuesto siempre a sorprender al espectador sin atarse demasiado a ningún estilo, género o temática. Recientemente ha estado de actualidad por el estreno de Antes del anochecer (Before Midnight, 2013), último episodio de una historia continuada entre Ethan Hawke y Julie Delpy que nos viene contando desde 1995 (Antes del amanecer, que tendría continuidad en 2004 con Antes del atardecer…). Maratón de diálogo amoroso y existencial, como si no fuera lo mismo, busca el romanticismo inteligente y si no lo consigue engaña muy bien.

Al final, aunque los personajes van construyendo una historia en común, las películas carecen de un ritmo distinto al de la sucesión de escenas autoconsistentes de diálogos más o menos afortunados. Esquema narrativo que el director utilizó en su primer largometraje, Slacker (1991), y que en realidad tampoco dista tanto del enfoque del porno, microhistorias en una gran orgía…

Esa misma estructura la emplea en Despertando a la vida. Al discontinuo ritmo de un tango à la Piazzolla, el protagonista (debajo de la pintura se esconde Wiley Wiggins, protagonista juvenil en Movida del 76Dazed and Confused, 1993-, estupenda comedia generacional que está entre los mejores trabajos de Linklater) se pasea por su propio sueño encontrándose con diversos personajes que le hablan de variados temas, cuestiones relativas a la filosofía, el cerebro, la evolución y, por supuesto, el sueño.

wigginsVamos, un Redes en toda regla, pero sin el inglés macarrónico de Punset.

En determinado momento entran en juego los onironautas, quienes le dan al soñador claves sobre el sueño lúcido y su control. Sin embargo, a partir de entonces el protagonista se ve más atrapado que nunca en lo que empieza ser una pesadilla, puntuada por falsos despertares.

En la película trabajaron tanto actores habituales del director (Adam Goldberg, los inevitables Ethan Hawke y Julie Delpy -¡teniendo una conversación postcoital sobre la muerte y Tim Leary! Desde luego, hay gente para todo) como diferente personal a juego con los temas que se tratan, entre otros, el filósofo David Sosa, el químico Eamonn Healy, el conspiranoico Alex Jones, el director Steven Soderbergh o el polifacético artista urbano Timothy “Speed” Levitch.

El propio Linklater aparece en uno de los momentos más logrados del film, cuando explica al protagonista diversos aspectos de la locura de Phillip Kindred Dick, traída a colación en relación con la ignota naturaleza del tiempo. Como dijo una vez Antonio Gasset, sentencioso nocturno por excelencia en nuestra televisión, “servidor se confiesa seguidor de Phillip K. Dick, quizás por ello me he convertido en un trastornado”. El señor Dick no fue sino uno más de los escritores con problemas mentales, en su caso probablemente acentuados por un ingente consumo de estupefacientes. Sustancias que, por otra parte, también colaboraron en el desorbitado ritmo de producción del autor, quien dejó una vasta obra antes de morir (tres meses antes del estreno de Blade Runner: se ve que la pasta gansa no estaba para este hombre).

La paranoia de Dick tiene un innegable efecto en su arte, que transmite el extrañamiento entre sujeto y realidad como pocas veces ha conseguido la literatura. El propio Linklater tomaría una novela del autor como base para A Scanner Darkly: Una mirada a la oscuridad (A Scanner Darkly, 2006), rodada de nuevo con animación rotoscópica sobre los caretos de Keanu Reeves, Winona Ryder, Robert Downey Jr. y Woody Harrelson.

Una correcta e intrigante película, pero que no llega al nivel de Despertando a la vida: ésta última es una obra ideal para el debate de un cine-club, o bien para que te increpen por haberla puesto. En cualquier caso, habremos conseguido el objetivo.

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