lunes 27 de febrero de 2017 -
A Revolta | Magazine Cultural Online
Foto Francesco Ianett http://www.flickr.com/photos/ianettf/

En mi anterior colaboración os conté algunas anécdotas en torno a Robert Crumb (una de mis más grandes influencias musicales) y he pensado que, para darle una cierta continuidad a esta anterior redacción, encajaría bastante bien aportaros algo de otro individuo que también formó parte de esos Cheap Suit Serenaders de Crumb y que, por supuesto, también se encuentra entre mis más queridos músicos en mi altar particular, me refiero al recientemente fallecido y virtuoso del slide y la guitarra resonadora, mi admiradísimo Bob Brozman.

No recuerdo exactamente cuando escuché a Bob por primera vez, quiero decir haciendo música en solitario después de su estadía en los Serenaders, pero juraría que lo descubrí antes que a la propia banda de Robert Crumb. Sé que a Luigi (Slim Slide Louis, el guitarrista que lleva media vida tocando conmigo) le entusiasmaba Brozman, en tiempos de los primeros años de nuestros Bluesmakers, hablábamos a menudo de él y como no, nos intercambiábamos discos de este fenómeno de la guitarra “National”. Creo recordar que por entonces se comentaba que era un magnífico guitarrista pero bastante poco reconocido debido a su ortodoxia en la manera de tocar, al parecer no demasiado académica. Tengo la impresión de que su valía tardó en apreciarse a nivel institucional, a pesar de que la admiración sobre su técnica y maestría crecía día a día a través de la red y por el boca a boca de, como nosotros, múltiples aficionados.

Bob Brozman - Devil's Slide

BobBrozmanBlueHulaSt fire in the mind Bob Brozman - A Truckload Of Blues - Front

De toda su prolífica discografía con más de una veintena de discos que comenzó allá por 1981 con “Blue Hula Stomp” y terminó el año pasado con el “Fire In The Mind”, personalmente hay dos que me entusiasman de forma especial, creados en años en los que sus canciones no habían derivado todavía demasiado hacia la fusión étnica con el folclore hawaiano, asiático u otros estilos del norte de África como ocurrió en su evolución posterior, son “Devil’s Slide” y “A Truckload of Blues” de 1988 y 1992 respectivamente. Os dejo una pequeña muestra de cada uno de ellos en la que puede comprobarse fácilmente su excepcional clase y virtuosismo: Del primero, el tema que da título al disco y del segundo un fantástico Blues al más puro estilo Brozman llamado “Backwards Blues”.

A día de hoy, unos pocos meses después de su inesperado fallecimiento aún sin cumplir las sesenta primaveras, recuerdo con especial emoción aquella escapada de apenas cuatro días que hicimos Natalia y yo a Londres para conocer esa fantástica ciudad y poder además verlo tocar en un pequeño y amigable Club de Luton llamado “The Hat Factory”, tras haber investigado por la red las giras de alguno de los pocos músicos en activo por los que todavía era y soy capaz de movilizarme.Entrada del concierto de Bob Brozman en Luton Decidimos comprar las entradas a través de la web del local con mucha antelación por si se agotaban y pillamos también los billetes de avión, además de hotel. Salió todo bastante barato gracias a Ryanair, de otra manera habría sido imposible. Fue un viaje que recuerdo con cariño. Me encantó Londres, ciudad a la que volvería si pudiese ahora mismo, no cuatro días sino un mes entero, y además me vienen a la mente imágenes que poseen una carga especial para mí: las llegadas nocturnas al hotel donde siempre nos esperaba en la habitación un kit de tés al que no fallábamos a la cita, la charla mantenida con Roberto Manes, músico italiano de violín eléctrico afincado en Londres desde hacía varios años, del que nos había dado el contacto e insistido para que quedásemos con él otro de mis amigos de siempre Chema Mosquera y, como no, ese fantástico concierto del bueno de Bob en un recinto en el que no llegábamos a las cien personas.

En cuanto a Roberto Manes, decidimos llamarlo nuestra segunda tarde allí y resultó ser un tipo encantador, tal como Chema nos había pronosticado. Al poco rato nos llevó a un local, no recuerdo donde y comenzamos a charlar (hablaba y entendía perfectamente el castellano). Chema me había comentado que Roberto había tocado y conocido íntimamente a Rory Gallagher, quizás el músico al que más sigo queriendo. A la mitad de la primera pinta y tras decirle que habíamos viajado para ver a Bob Brozman (al cual Roberto no conocía), no tardé en sacar el tema de Rory. Y me contó la historia de cómo una noche en la que Roberto había terminado de tocar con su banda en un garito (que resultó estar situado cerca de donde vivía Rory por entonces) éste se le acercó para decirle que le había encantado la actuación y que se le había ocurrido mientras lo veía tocar, llevarlo de gira con él como violinista. Roberto no lo dudó un instante y así fue como se convirtió, además de en músico de la banda de Rory, en buen amigo tanto de él como de su familia. Aquello fue pocos años antes de su fatídica muerte tras la infección mortal posterior al trasplante de hígado al que se había sometido. Al hablar de Rory, a Roberto se le iluminaban los ojos y no cejaba en definirlo como una persona de una bondad extrema, lo cual no hacía más que confirmar la idea preconcebida que yo tenía de este maravilloso músico. Londres, junto a la persona que más quiero en el mundo, hablando de Rory Gallagher con alguien que lo conoció de cerca, y esperándonos al día siguiente una actuación en directo de Bob Brozman…aquellos fueron momentos muy felices para mí. Aquí os dejo un vídeo muy poco conocido en el que podréis escuchar una de las últimas grabaciones de Rory, precisamente con Roberto al violín.

Y llegó por fin el día. Habíamos investigado horarios de trenes para ir y retornar de Luton y de hecho, habíamos grabado en la memoria el último tren de vuelta que coincidía bien para poder empalmar posteriormente con el metro hacia nuestra zona. Nos dirigimos a la estación, cogimos los billetes y nos embarcamos hacia Luton. Tardamos poco menos de una hora en llegar. Recuerdo una ciudad pequeña, bastante vulgar, lo cual no nos importó demasiado. Habíamos ido allí por otro motivo y por ello, lo primero que hicimos fue buscar “The Hat Factory”. No tardamos en localizarlo. Entramos un momento para asegurarnos de que todo estaba en orden y hablamos con una tipa que, tras enseñarle nuestras entradas que nos habían enviado por correo, se quedó muy sorprendida cuando comprobó que veníamos de España para ver el concierto.Bob-Brozman http://mixdownmag.com.au/2011/01/20/bob-brozman/ Era todavía muy temprano y nos fuimos a dar una vuelta por la ciudad. Recuerdo que entramos en una especie de centro comercial y tras deambular un rato por allí, decidimos ir a tomar algo a un pub bastante castizo que habíamos visto cerca de la estación del tren. Allí estuvimos un buen rato hasta que, media horita antes de la hora fijada para el concierto, nos levantamos del confortable sofá del Pub y dejamos aquel cálido y acogedor lugar de reunión inglés en pos de la sala de conciertos que, a la postre, resultó parecerse a una especie de centro cultural al que se accedía tras el hall de entrada, bajando unas escaleras. Estábamos como en familia: unas cuantas mesas agolpadas cerca de la tarima de la actuación y una barra no demasiado grande para un recinto más bien austero. Al haber llegado con tiempo pudimos elegir zona privilegiada, aunque poder asistir a un concierto de uno de tus tan lejanos músicos predilectos, bajo aquellos parámetros, era ya en sí mismo un inmenso privilegio. Cuando llegó Bob y se sentó en el medio de su sinfín de resonadoras guitarras, nuestros ojos destellaban de emoción a escasos cuatro metros de su frondosa barba, y durante la actuación fue una auténtica gozada sentir su sudor, escuchar el sonido de sus zapatos golpeando la tarima y disfrutar extasiados de la reconfortante sensación de saber que la vida se basa en buscar momentos como aquel, y en ese instante estábamos viviendo uno de ellos.

El concierto fue estupendo. Respondió sin lugar a dudas a todas mis expectativas. Fue algo grande para mí y más ahora si cabe, al saber que ya nunca más podré volver a verlo vivo. Bob era un guitarrista excepcional y además un auténtico showman; alternaba una canción tras otra entre largas parrafadas que se me escapaban, pero que el personal apreciaba y en ocasiones incluso contestaba con algún comentario al que Bob replicaba, en un ambiente distendido. Cambió de guitarra incontables veces y abundó su acompañamiento percusivo con golpes sobre las propias guitarras y sobre el cajón flamenco en el que estaba sentado, todo a la vez que nos maravillaba con sus riffs y malabares sobre las cuerdas. Hizo un largo primer pase tras el cual, en el descanso, estuvo un buen rato charlando con todo aquel que se le acercaba. Me arrepiento de no haberme levantado aunque sólo fuese para decirle que me entusiasmaba y que había volado desde España para verlo en aquel pequeño local y eso que Natalia me animó varias veces. Pero ya veis, mi falta de hábito hablando inglés y esa timidez crónica, de la que nunca he acabado de desprenderme, me mantuvieron aferrado a la silla como mero observador. Una lástima, ahora siento de veras no haberle estrechado la mano…

Fotos Miki Nervio en The Hat Factory

Finalmente, tal como intuíamos, no pudimos quedarnos hasta el final. La cosa se estaba alargando demasiado y nuestro tren de vuelta no iba a esperarnos. No sé cuanto tardó todavía en terminarse la actuación, pero nosotros debíamos irnos así que, llegado el momento nos levantamos, caminamos hacia un lateral donde se encontraba la escalera de subida y echamos una última mirada hacia todo aquel sueño que iba a terminar al día siguiente, con el regreso a nuestra rutina diaria, el diecisiete de noviembre de hace casi siete años.

Y poco más que contaros. Deciros que intentéis por todos los medios seguir persiguiendo sueños, pues su mera búsqueda constituye la única y auténtica chispa que justifica nuestra existencia. Desde que nacemos, nuestra inocencia intenta guiarnos y trasladarnos por caminos llenos de color pero a la vez, el propio mundo, nuestras sociedades tan avanzadas y evolucionadas, no cesan ni por un instante de decolorar nuestra visión hacia un rotundo y uniformado gris que paulatinamente va ganando la batalla, hasta extirpar de nuestra conciencia el último gramo de esperanza. Conmigo ya casi lo han conseguido, hace tiempo que no creo ya en casi nada. Pero aún me queda lo más básico y mientras posea eso, no todo está perdido. Pensad siempre que al margen de la galaxia conocida, existen infinidad de estrellas que brillan de igual manera o, en muchos casos, bastante más que las que se nos dan a conocer a través de nuestros adoctrinantes medios de información y con Bob Brozman, quienes no lo conozcáis, tenéis un claro ejemplo.

Por cierto… tenías razón, Bob, la muerte estaba acechándote

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