domingo 23 de julio de 2017 -
A Revolta | Magazine Cultural Online

LOS QUEHACERES DEL BRUJO

PortadaAndyMiah

Entiendo que si estás leyendo esto más o menos tienes una idea de la vida y obra de Alan Moore, aunque sólo sea a lo Muchachada Nui:

El señor Moore cumplirá sesenta añazos el próximo 18 de noviembre, y un artículo pormenorizado sobre su figura daría para una extensa biografía llena de diferentes enfoques. La importancia de separar al artista, su obra, de la persona, el ser humano, debiera encabezarlos: autodidacta devenido en personaje mayor, su trabajo como guionista en el cómic fue de los más influyentes en cualquier arte en los ya clásicos ochentas.

Por Matt Biddulph

Por Matt Biddulph

A partir de ahí, se puede hablar largo y tendido de diversos episodios de su carrera y sus consecuencias: por ejemplo, su inicio en el underground fanzinero, su llegada a 2000 AD y Marvel UK; tal vez destacar su seminal trabajo en la serie Miracleman, donde dio una vuelta de tuerca al übermensch en mallas, y que llevó a su rápido fichaje por DC Comics, donde aportaría nuevo vigor a un buen número de héroes clásicos, de la Cosa del Pantano a Batman o Superman. El éxito obtenido allanaría el camino de una legión de guionistas británicos que siguieron esta migración a los Estados Unidos y al tierno abrazo del dólar, gente como Neil Gaiman, Grant Morrison, Jamie Delano, Peter Milligan… O podríamos hablar del vodevil anarquista, sin duda homenaje a Bertolt Brecht y Kurt Weill (Moore firmó en el inicio de su carrera, cuando aún se curraba el dibujo de sus comics, como Curt Vile), que resulta ser V de Vendetta; de la modélica precisión narrativa de Watchmen, de cómo los personajes se nos desvelan de manera brillante en paralelo a la trama; de la obsesión enfermiza que da el poso de obra maestra a From Hell, representada en las completas notas del guionista; de su importante contribución a la recuperación de status crítico y comercial del género fantástico a finales de siglo pasado; de la controversia de las adaptaciones cinematográficas de su obra, que incluye aberraciones como Keanu Reeves interpretando a John Constantine y el bodrio increíble que hicieron con La Liga de los Hombres Extraordinarios (última aparición en pantalla de Sean Connery… triste imagen para El hombre que pudo reinar); de su lucha artística por competir como independiente con la oligarquía de dos del cómic superheroico; de la influencia ejercida sobre los conspiranoicos finiseculares; de su saludable tendencia a incorporar el sexo como elemento importante en la narración (¿acaso no es así casi siempre?) y, por supuesto, podríamos hablar de nuevo de la relación entre los creadores y la locura, en este caso la de quien dice creer y practicar rituales místicos ignotos. Que también puede ser una pose, claro.

Sin embargo me parece que lo más justo es juzgar a las personas por su trabajo reciente, y si eso queremos hacer con Moore debemos hablar de Fashion Beast.

fashionbeast portada

Como decimos, el chamán va para sexagenario, y después de su intensa actividad al principio de siglo con el desaparecido sello America’s Best Comics (llevando en paralelo las series Promethea y Tom Strong, y con sus aportaciones a la saga en desarrollo de los Hombres Extraordinarios), últimamente ha descendido su ritmo de producción.En 2011 terminó Neonomicon, apenas cuatro números de una historia lovecraftiana dibujada por Jacen Burrows, tan oscura y entretenida como se le supone al guionista pero que no aporta nada novedoso a su trayectoria.

Neonomicon

Por otra parte, resulta que Fashion Beast no es precisamente ninguna novedad: en realidad se trata de una adaptación al cómic del guión de una frustrada película ochentera, escrito por Moore en colaboración con el difunto Malcolm McLaren, quien fuera manager de los Sex Pistols, eventualmente músico y aficionado a la moda en general (cotilleo rosa, famosa: era pareja de Vivienne Westwood).

Curiosa adaptación intergéneros cuando en su momento Moore declaró, al respecto de sus frustrantes adaptaciones cinematográficas: “Si sólo vemos al cómic en relación a las películas entonces lo mejor que puede ser es una película que no se mueve”. Sólo es la constatación, por si quedaba alguien que lo dudase, de que este profeta es tan contradictorio como cualquiera.

El guión está serializado (en diez números de treinta páginas) por Antony Johnston, y la historia se desarrolla en un óscuro ambiente urbano de un país en guerra, amenazado por un invierno nuclear. Ahí tenemos una nueva muestra que nos lleva al Moore de mediados de los ochenta, y quizá no sea una mala noticia, pues entonces se hallaba en plenitud de facultades, y sobrado de vigor para ejercer su voluntad sobre el medio sin reparar en daños colaterales.

Fashion Beast

La trama comienza como una distorsionada versión de la Bella y la Bestia que en el arranque se ve algo lastrada por el origen cinematográfico del proyecto y lo que hubiera sido un número musical. Con posterioridad se suceden los momentos dramáticos con interés, una trama sencilla de ambición, locura y con gotas de moraleja libertina, desarrollada en el escenario grotesco y sombrío de la metrópolis en guerra.

Los lápices corresponden al artista argentino Facundo Percio, y su estilo barroco y de línea gruesa encaja curiosamente en la misma moda ochentera. Por su parte, los colores son fríos y la oscuridad predomina, como un protagonista más de la historia.

El conjunto es disfrutable, si bien como hemos explicado no nos sirve como referencia para saber qué historias quedan en el magín del señor Moore. Si es probable que lo que tenía que decir ya lo haya dicho, tampoco podemos desechar la posibilidad de que se saque una genialidad de la chistera. Aunque no creamos en la magia del caos (en el caos sí, por supuesto), permaneceremos a la espera. Y si por un extraño azar alguien es tan fan que desarrolle mono y esas cosas, ahí va un docu psiconauta por parte de las mejores barbas desde ZZ Top:

No apto para sugestionables…

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