jueves 30 de marzo de 2017 -
A Revolta | Magazine Cultural Online

MATILDE LANDA, LA LUCHA DE UNA MUJER CONTRA EL FRANQUISMO

"Está todo listo. En formación militar, las presas aguardan. Llegan el obispo y el gobernador civil. Hoy Matilde Landa, roja y jefa de rojos, atea convicta y confesa, será convertida a la fe católica"

Matilde Landa (marcada con una X)

Matilde Landa Vaz, nació en Badajoz el 24 de junio de 1904. Que no recibiera las aguas bautismales, como así fue, ya resultó cuanto menos extraño en su momento, sin embargo su inscripción en el registro civil estuvo atestiguada por dos grandes amigos de la familia: Narciso Vázquez Lemus, al que se le llamó “el apóstol del socialismo en Extremadura” y Manuel Barriga Soto, poeta y periodista.

Todo ello es una buena metáfora acerca del ambiente en el que Matilde sería criada. Su abuela era hija de la afamada poeta pacense Carolina Coronado y el padre de Matilde tenía además una fuerte vinculación con la Institución Libre de Enseñanza (ILE) ya que a través de sus estudios forjó amistad con Francisco Giner de los Ríosy Manuel Bartolomé Cossío entre otros, llegando a formar parte del primer grupo de accionistas del Boletín de la ILE, publicación e institución que sería un referente para la educación de todos sus hijos, incluyendo Matilde, que estuvo dentro delkrausismo y de la ILE.

Anotaremos aquí a tales efectos que Jacinta, una de las hermanas de Matilde y maestra, estuvo además casada con el filósofo e intelectual Xohán Vicente Viqueira, discípulo de Giner de los Ríos, profesor de la ILE e ilustre galleguista, miembro de las Irmandades da Fala de A Coruña y colaborador de A Nosa Terra.

No hay que olvidar que la relación de la familia Landa con Cossío daría como fruto la amistad de Matilde con la hija de éste, Julia Cossío López con la que pasaría muchos veranos en un pazo que la familia tenía en San Fiz de Vixoi, en Bergondo (A Coruña).

Matilde (izquierda) con Julia Cossío en San Victorio (A Coruña)

Matilde (izquierda) con Julia Cossío en San Victorio (A Coruña)

Matilde ya desde su adolescencia mostraba un carácter de enormes inquietudes, muy interesado en conocer y aprender, de hecho hay constancia de unas traducciones suyas con 16 años de los cuentos de Alphose Daudet en La Región Extremeña, pues leía francés desde los 13 años. Por eso en cuanto pudo mostró su decisión de comenzar a estudiar primero en la Escuela de Comercio de A Coruña y más tarde en Madrid, viviendo en la Residencia de Señoritas relacionada con laResidencia de Estudiantes, dirigida por María de Maeztu. La salud hizo que sus estudios se interrumpieran teniendo que marcharse a Salamanca donde aprovecha para leer y entablar amistad con el librero de la generación del ‘27, León Sánchez Cuesta. Volverá a Madrid en 1929 donde se licencia en Ciencias Naturales en la universidad, lugar en el que se afianzarían sus ideas republicanas y progresistas.

En el año 1930, Matilde se casa con Francisco López Ganivet, sobrino de Ángel Ganivet García, precursor de la Generación del ‘98. Residieron en la Colonia de la Residencia un lugar próximo a la Residencia de Estudiantes y en el que vivían parte de los intelectuales de la época. Fruto del matrimonio nacen Carmen en 1931 yJacinta en 1933, aunque esta última fallecería a los pocos meses de su nacimiento. La educación de su hija Carmen estuvo siempre adscrita a la ILE y de ella se conserva una colección de cartas escritas por su madre que han sido fundamentales para la reconstrucción biográfica de Matilde Landa. Durante estos años poco se sabe de su profesión aunque se sabe que a finales de la República trabajaba en un laboratorio como empleada del doctor Gonzalo Rodríguez Lafora.

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Matilde con Carmen, su hija y con su marido Francisco López Ganivet

Desde que en 1931 el Partido Comunista (PC) habló de las excelencias de la democracia republicana en España, Matilde, como tantas otras mujeres, optó por implicarse en cuestiones políticas atraídas por el modelo socialista soviético. Así en 1934 Matilde participa en el congreso fundacional del Comité Nacional de Mujeres contra la Guerra y el Fascismo. Además en este año Matilde se afiliaría al Socorro Rojo Internacional (SRI), organización vinculada a la Internacional Comunista, que realizaba campañas de apoyo a los prisioneros comunistas y que reunía apoyo material y humanitario en situaciones especificas. La Sección Española del SRI había sido fundada en 1923 y su principal actividad había consistido en la ayuda a los presos y la realización de campañas por la amnistía. Su apoyo al SRI fue el cauce de entrada de Landa en el PC en el año 1936.

Al estallar la Guerra Civil Española Matilde se puso al servicio de su partido y se enroló en el batallón femenino del Quinto Regimiento de Milicias Populares, que siguiendo la idea de Dolores Ibarruri, pretendía que las mujeres combatieran en el frente como lo hacían los hombres.

Finalmente esta iniciativa fracasó por el rechazo de sus compañeros hombres. Y aunque Matilde aprendió a usar fusil, pistolas y lanzar granadas, se encargaría finalmente del personal del Hospital Obrero u Hospital de Maudes, y así el SRI se encargaría de formar una potente estructura sanitaria. Allí fue donde Matilde se ganó el apodo de “Monja Laica” que usaban los médicos debido a su carácter apacible, calmado, cariñoso y resuelto a pesar de ser ella quien intervenía en todos los conflictos del hospital, tanto en los políticos,  económicos o de abastecimiento.

En el ‘36 debido al avance franquista el Hospital de Maudes fue evacuado, y Matilde se marcha a Valencia para reorganizar el SRI. En el ‘37 Matilde será la responsable del auxilio a los refugiados, concretamente de la evacuación de niños y de la inspección de colonias infantiles y comedores.

Es muy importante su presencia en el cuartel general de las Brigadas Internacionales, en Albacete, también en Madrid, en Extremadura, en Aragón, en Córdoba, y especialmente en el avance de la ofensiva sobre Málaga, donde los testimonios orales recuerdan que gracias a su carácter firme consiguió que las mujeres y niños/as pudieran subirse de manera prioritaria a los camiones frente a la avalancha de personas.

Su salud se debilitaba pero ella rechazó la posibilidad de que el partido la retirara a París. Tras dejar el cargo de Tesorera del Patronato de la Casa Central de Maternidad-Escuela Oficial de Matronas de Valencia, Matilde solicitó participar en la evacuación del Principado, pero no fue posible debido a problemas de transporte y de salud de ésta. Aún así, momentáneamente repuesta, en abril del ‘38 realizaría tareas de apoyo a los refugiados republicanos de la zona de Mérida. En ese mismo mes se incorpora a la sección de Información Popular de la Subsecretaría de Propaganda del Ministerio del Estado, colaborando además durante estos meses con las organizaciones antifascistas extremeñas organizadas en la zona republicana.

Durante el verano de ese año será miembro de la Junta Directiva de la Casa de Extremadura en Barcelona. Su frenética actividad por diferentes ciudades del Estado español marcó sus ausencias y le hizo tomar la decisión de enviar a su hija Carmen a la Unión Soviética hasta el final de la guerra. Esta actividad que parecía desbordarla le hizo afirmar en alguna ocasión: “es nuestra obligación, como mujeres antifascistas”.

Todo ello la convirtió en una de las mujeres más imprescindibles del momento, querida y admirada por muchos intelectuales, tanto es así que a ella le dedica el poeta Miguel Hernández uno de sus poemas:

En la tierra castellana
el castellano caía
con la voz llena de España
y la muerte de alegría

Para conseguir la libertad de sus hermanos
caen en los barbechos los más nobles castellanos.

No veré perdida España
porque mi sangre no quiere.
El fascismo de Alemania
junto a las encinas muere.

Para hacer cenizas la ambición de los tiranos
caen en las trincheras los más nobles castellanos.

Españoles de Castilla
y castellanos de España
un fusil a cada mano
y a cada día una hazaña.

Voy a combatir al alemán que nos da guerra
hasta conquistar los horizontes de mi tierra.

A Matilde, de Miguel

 

En noviembre del ‘38 Matilde Landa participó en el Congreso Nacional de Solidaridad, celebrado en Madrid. Allí sería elegida miembra del Comité Ejecutivo Nacional del SRI. A pesar de que residía en Barcelona, a través de un viaje clandestino por carretera y tras la caída de la ciudad, llega a Madrid donde será la encargada de organizar el PCE ante la inminente entrada de las tropas franquistas en la capital. Tras el golpe militar de Casado, Matilde ya sabía que la guerra estaba perdida pero aun así asumió su trabajo como Subsecretaria de Propaganda hasta principios de marzo.

El distanciamiento y los acontecimientos bélicos supusieron un golpe para el matrimonio de Matilde. Ella y su marido se separaron amistosamente durante la guerra. En cuanto a Carmen,  su hija, la guerra la sorprendió en Galicia junto a su tía Jacinta, de vacaciones en el pazo de San Fiz de Vixoi. Viajó junto a sus tíos de Francia a Barcelona, para llegar finalmente a las colonias de Valencia donde residió, mientras que sus tíos, hermanos de Matilde realizaban tareas pedagógicas y organizativas. Allí Matilde la visitó en varias ocasiones antes de evacuarla a la Unión Soviética en el verano del ‘38.

Finalizada la guerra y tras el traslado de sus otros hermanos a diferentes puntos, su hermana Aída era casi la única familiar en España de Matilde y que le servirá de apoyo en muchas ocasiones a lo largo de estos años.

Matilde_Landa

Durante marzo del ‘39 Matilde Landa será designada para encabezar el PCE en Madrid durante un cónclave clandestino, incluyendo su ámbito de actuación también las provincias de Cuenca, Guadalajara y Toledo. Esto la convertía prácticamente en el único referente de la organización secreta en España. La labor del partido en este momento se organizaría en torno a pequeñas células que pronto caerían en manos de la policía franquista. En el caso de Landa, que actuaría como Elvira, no pudo casi accionar. Encargada de organizar la fuga de los dirigentes del partido Domingo Girón, Eugenio Mesón y Guillermo Ascanio, fracasó por la indiscreción de una antigua dirigente y los tres serían entregados a las autoridades franquistas y fusilados en 1941.

A raíz de ello cayó el militante Joaquín Rodríguez, lo que facilitaría la localización de Matilde, que fue detenida junto a su secretaria María Guerra Micó el 4 de abril de 1939. El 12 de abril Matilde pasó a la sede central de la Dirección General de Seguridad donde fue interrogada por el comisario Jesús Cabezas, y en contra de lo que era habitual, Matilde no fue torturada físicamente, algo extrañísimo en la época. Sabiendo quién era ella, muchas compañeras atribuyen el hecho a su ilustración y a su clase social, aunque otras confiesan que a Matilde le había dicho un policía que sabía que el maltrato en su caso solo hubiera servido para aumentar su resistencia. Por ello su castigo fue la incomunicación, sin luz incluso, durante seis meses y el escuchar las torturas a las que fue sometido su compañero Joaquín Rodríguez. Pudo librarse de su castigo retractándose de su ideología, algo que rechazó enérgicamente.

Durante su comparecencia en su detención se le acusó de ser miembro destacado del partido comunista, muy peligrosa por su cultura y su convencimiento ideológico. Ella por su parte rechazó la acusación, admitiendo solo haber ingresa en el partido en mayo o junio del ‘36 y haber desempeñado distintos cargos de asistente durante la guerra, es decir sólo de ayuda humanitaria y social, lejos de relación política alguna. No delató a nadie y dijo que su secretaria era empleada doméstica exculpándola así de toda responsabilidad.

El 26 de septiembre del ‘39 pasó a la prisión de Ventas. Matilde fue procesada por el Capitán Álvaro Soto Burgos el 7 de diciembre del ‘39 y el fiscal solicitó pena de muerte. Su defensor simplemente expuso que los hechos debían ser considerados como constitutivos de un delito de auxilio a la rebelión sin circunstancias modificativas. Matilde se limitó a afirmar que no había representado al PC. Y aunque en el acta que la acusaba se afirmaba “que en todo momento ha sido colaboradora del PC, habiendo quedado encargada por el mismo de su organización en la España de Franco en calidad de secretaria general”, en la sentencia no se hizo la más mínima referencia a esta circunstancia. Algunos autores, como Fernández Hernández Holgado, señalan que ello se debería al machismo de aquellos jueces que se negaban a admitir que un cargo de tal relevancia hubiera sido puesto en manos de una mujer.

Finalmente Matilde ingresó en la cárcel femenina de Ventas donde estaría desde septiembre del 39 a agosto del 40. Ventas contaba en aquel momento con 3.500 mujeres y era una especie de almacén de presas en la que percibían una pésima alimentación y deplorables condiciones de higiene, algo que llevaba muchas veces a que se produjese un elevado número de muertes.

A pesar de todo ello se produjo entre todas ellas una red de solidaridad y ayuda que era en ocasiones semitolerada por las autoridades. Se mantenían pequeñas células clandestinas del Partido Comunista Español (PCE) y de las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU) en las distintas galerías. Al principio Matilde tuvo difícil su reconocimiento como dirigente del PCE ya que su nombramiento no se había hecho público debido a las postrimerías del conflicto histórico.

Sin embargo y en este caldo de cultivo Matilde Landa decide poner en marcha la famosa “oficina de penadas”. La galería de penadas reunía a las condenadas a muerte con la finalidad de localizar a las condenadas a muerte sin que el resto de las internas se revolucionaran (tal y como sucedió con el caso de las Trece Rosas).

A su ingreso en esa galería Matilde se dio cuenta de la necesidad de mediar en el sufrimiento y en la situación de tensión que vivían sus compañeras. Para ellas se celebraban diariamente juicios que carecían de garantías constitucionales. A las condenadas sólo les quedaba la opción de intentar apelar la sentencia lo cual implicaba un difícil entramado burocrático que pasaba por recopilar declaraciones favorables y elevar una instancia a las autoridades.

La falta de asesoramiento jurídico llevaba a muchas mujeres analfabetas a desistir en el intento o a llorar acobardadas por la situación. Así que Matilde consiguió convencer a la directora del penal, la teresiana Carmen de Castro -exalumna de la Institución Libre de Enseñanza (ILE)- para que le dejase organizar en la galería una oficina que tramitara recursos para las condenadas a la pena capital.

Matilde_Landa_y_presas_politicas_prisión_Palma_Mallorca-_septiembre_1941

Matilde Landa en la Carcel de Palma de Mallorca (señalada con una X)

Cada vez que las mujeres salían para ser fusiladas según testimonios abrazaban aMatilde a quien llamaban “la madre de las penadas”, ya que en su trabajo se “agarraba” a cualquier pequeño detalle para poder hilar su exculpación. Sin embargo, a efectos prácticos, sus logros al respecto fueron muy discretos, ya que el número de conmutaciones de penas no fue muy elevado, destacando casos como la de Rosario Sánchez Mora, la mítica “Dinamitera”. Era por tanto un apoyo más psicológico que legal pero que permitió establecer una verdadera red de ayuda entre las mujeres y su familia ante una situación desesperada e incierta.

Mientras ella se afanaba en su labor al frente de la oficina de penadas, su hermana Aída trabajaba en que su pena de muerte fuera conmutada por treinta años de cárcel. Así y gracias a la ayuda del filósofo Manuel García Morente, muy bien relacionado con el régimen, el 18 de junio del 40 a Matilde se le conmuta la pena de muerte por la inferior en grado.

Esta noticia no alegro del todo a Matilde ya que de alguna manera abandonaba a las presas a su suerte, por ello y durante unas semanas Matilde siguió con su tarea al frente de la oficina de penadas, a pesar de que ya no le fue autorizado pernoctar allí, en aquel sector.

Tras la marcha de Matilde de la galería de las condenadas a muerte la dirección de la prisión prohibió la oficina y en su lugar se hizo un taller de costura.

Finalmente el 2 de agosto Matilde Landa deja Ventas y es conducida a la Prisión de Palma.

Allí se suicidará tirándose desde la azotea antes las presiones de diversos sectores para que se convierta al cristianismo. Desde entonces fe como nos dice Galeano, la pobre oveja descarriada:

Cárcel de Palma de Mallorca, otoño de 1942: la oveja descarriada.

Está todo listo. En formación militar, las presas aguardan. Llegan el obispo y el gobernador civil. Hoy Matilde Landa, roja y jefa de rojos, atea convicta y confesa, será convertida a la fe católica y recibirá el santo sacramento del bautismo. La arrepentida se incorporará al rebaño del Señor y Satanás perderá a una de las suyas.
Se hace tarde.
Matilde no aparece.
Está en la azotea, nadie la ve.
Desde allá arriba se arroja.
El cuerpo estalla, como una bomba, contra el patio de la prisión.
Nadie se mueve.
Se cumple la ceremonia prevista.
El obispo hace la señas de la Cruz, lee una página de los evangelios, exhorta a Matilde a renunciar al Mal, recita el Credo y toca su frente con agua consagrada.

Espejos, Eduardo Galeano

Fotos:
– Ginard i Féron, David, Matilde Landa. De la Institución Libre de Enseñanza a las prisiones franquistas; Barcelona, Flor del Viento, 2005.

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1 comentario

  1. Zamar Armengol 15 diciembre, 2016 at 17:56

    Vivan por siempre en la mente y los corazones de todos los seres humanos de bien y proletariado conciente y firme. Los martires revolucionario son las antorchas que iluminan a la humanidad hacia un futuro luminoso. El capitalismo y por lo consiguiente el imperialismo, debe ser destruido para que la humanidad y el planeta tierra tengan futuro.

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