jueves 23 de noviembre de 2017 -
A Revolta | Magazine Cultural Online

LA CULPA DE TODO LA TIENEN LOS ASESORES DE IMAGEN

Escena de la película El Gran Dictador

Echo de menos a Fraga. Añoro aquellas barbaridades que salían de vez en cuando por su boca, como cuando dijo que a los nacionalistas había que colgarlos de un pino. Barbaridad x2 como en el Scrabble viniendo de un nacionalista consumado como él, pero eso es secundario. Lo importante es que era un tipo que decía lo que pensaba. Había sido ministro en una dictadura y era más arcaico que los monigotes de las iglesias románicas, pero no creo que mintiera en exceso al hablar. No había gris ceniza, blanco nicotínico, negro ajado o gris marengo en sus manifestaciones públicas (imagínense en las privadas, protestando por no tener pan o vino en la mesa, por ejemplo). Era blanco o negro. Como aquel chou cuando rompió la carta de Aznar mediante la cual se ponía en sus manos para que decidiera su futuro. “No hay tutelas ni tu tías”. Menuda cita para el fragor de una partida de tute en un chigre cualquiera de España.

Hace pocos años  recuerdo cuando Gordon Brown, por entonces primer ministro de UK, mandó a la mierda a una señora que llevaba dándole la turra recalcitrantemente por horas. La probable  reacción de cualquier persona normal. Casi se lo comen entre todos por su falta de respeto.

Homenaje del PP a Manuel Fraga (www.flickr.com/photos/ppdegalicia) Hoy por hoy, y desde hace ya bastante tiempo, no se oye una palabra malsonante, todo son buenas caras. Todo es ese gris marengo que no había en los discursos de Fraga. Hasta la calidad de los políticos. No hay oradores como Felipe González, que si bien es el mayor traidor al socialismo de la historia que se me viene a la cabeza, su oratoria está fuera de toda duda. Hay pactos por lo bajini para modificar una constitución a espaldas de la ciudadanía cuando constantemente se está alabando ese texto como norma suprema e intocable. No hay problema en tomar el donde dije digo digo diego y reconvertirlo de refrán anecdótico  a lema que debiera presidir la entrada de nuestro parlamento de igual manera que esa  burda falacia de “el trabajo os hará libres”. Para considerar cualquier discurso como algo medianamente veraz ha de considerarse exclusivamente a una distancia mínima de comicios de 2 años. Si tenemos en cuenta que entre las autonómicas, europeas y nacionales hay votaciones casi todos los años, la verdad  aparece exclusivamente al mes de haberse celebrado unas elecciones. Y generalmente tiene poco que ver con lo que se decía. Si hay mayoría absoluta, peor. El PSOE pide ahora la exhumación de Franco, pero cuando estaba en el gobierno no hizo absolutamente nada. La gran mayoría de las propuestas de Rajoy han resultado ser lo contrario tras vencer.

Mitin de Felipe González (www.flickr.com/photos/socialistasvascos)Buscando a algún responsable de todo esto y de manera parcialmente injusta me fijé en los asesores de imagen de los políticos. Odio el marketing. De toda la vida. Odio que me manipulen, porque no me gusta que me controlen. De toda la vida. Desconozco el entramado de asesores de imagen que habrá detrás de todos estos politicuchos doblados a un sistema que no admite la honestidad ni la personalidad (básicamente porque la honestidad no te aupa a un puesto de diputado en la mayoría de las ocasiones y la personalidad te hunde entre la masa de pelotas y medradores que al igual que en cualquier trabajo plagan la esfera política), pero tengo la teoría de que deben de ser pocos y seguramente coincidan incluso en asesorar a miembros de partidos rivales. Todos podemos ver como hay palabras que son omitidas constantemente por nuestros mandatarios, por su carga de negatividad en el votante. Para escuchar la palabra crisis de boca de Zapatero tuvieron que pasar 3 años. Bárcenas es un apellido que seguramente haya sufrido en Génova el mismo destino de los nombres de los enemigos de los faraones, borrados como si nunca hubieran existido. Menuda mierda de trabajo asesorar a una panda de mezquinos para que manipulen a una población con sus discursos. En realidad, son esos asesores son los que con su trabajo contribuyen a  la idea de que no puede triunfar un político honesto, que diga lo que piensa. Ya las estructuras de los partidos hacen lo suyo, con procesos que distan mucho de ser democráticos para elegir a sus dirigentes, pero es esta idea de que el marketing gana campañas lo que hace que no haya Fraga. Y si sale uno, se le llamará populista. Mejor que demagogo, que es una palabra que la gente no entiende. Eso es complicado, es más fácil señalar a Maduro y reírse de su chandal de colores y lo que dice (que es de risa) que pensar que en el siglo XXI tenemos un rey, príncipe, princesa y hada madrina Corina. Y nadie dimite nunca jamás.

¿Democracia?

 

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1 comentario

  1. Cristina Corral Soilán 12 enero, 2014 at 3:30

    Siempre nos queda Miguel Ángel Revilla 😛

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