domingo 19 de noviembre de 2017 -
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FILMOGRAFÍA A CUATRO MANOS (II): GLORIA Y CONSOLIDACIÓN

Bolera

Anteriormente llegamos a un punto de inflexión en la carrera de los hermanos Coen. El gran salto tuvo una tibia recepción crítica, y fue un fracaso bastante mayor en términos de taquilla. El siguiente paso en su carrera pintaba transcendental.

En situaciones de presión, zapatero a tus zapatos. Los Coen volvieron al terreno que les es más familiar, el de su ópera prima, el thriller realista y carente de glamour. El resultado, Fargo (Fargo, 1996), daría en el clavo.

FargoIntroducida como historia real, Fargo resulta una doble vuelta a los orígenes para los hermanos, pues la trama se desarrolla en los gélidos territorios de Minnesota y Dakota del Norte. Jake Lundergaard (William H. Macy) es un padre de familia que urde un plan para secuestrar a su mujer y así obtener el dinero que necesita de su suegro, un hombre adinerado que sin embargo básicamente lo ningunea.

Macy, por entonces ya veterano en el mundo de la televisión, obtiene su primer protagonista en una película relevante, y compone un personaje cuya frustración es palpable a través de esos ojos azules suyos. Como recompensa le cayó una nominación al Oscar, entre otras seis que se llevó el film, pero los agraciados con la estatuilla fueron los hermanos, por el mejor guión original, y Frances McDormand, interpretando a una tenaz y sagaz investigadora que afronta los hechos delictivos en avanzado estado de gestación. Una brillante interpretación, a la que se opone la pareja de delincuentes contratada por Lundergaard, el espitoso Steve Buscemi y el taciturno Peter Stormare, que vendría a ser la encarnación de la destrucción tan querida por los Coen en sus películas.

paulbunyanLos Oscars vinieron acompañados, como es habitual, de un gran resultado comercial. Y no podemos decir que la masa, en este caso, estuviese equivocada. La chapuza del crimen se consigue como pocas veces en el cine, empezando por el autor intelectual.

A continuación los Coen se metieron a realizar lo que es sin lugar a dudas una comedia, aunque transite por los escenarios del thriller (de nuevo el secuestro de una mujer, aunque uno muy distinto).

Sin embargo, El gran Lebowski (The Big Lebowski, 1998) es algo más. Podríamos aventurar qué es lo que hace de un film una película de culto, pero sea lo que sea, El gran Lebowski lo tiene en abundancia, tanto que se ha convertido en la obra hollywoodiense que más culto ha generado desde The Rocky Horror Picture Show.

Para conseguir este estatus, posiblemente ayuden las múltiples referencias a las drogas (que son una cosa muy de codazo-codazo), aunque lo más probable es que sean unos diálogos estupendos recitados por unos actores en estado de gracia, las habituales secuencias musicales resueltas con brillantez, el cómo la historia se nos va mostrando de inconexa a evidente a la par que a su atribulado protagonista, o una combinación de todo lo anterior, pero el caso es que es una película que resiste el visionado repetido como pocas.

achieverEl Nota, Jeff Lebowski (el gran Jeff Bridges), un pacifista desempleado, es confundido con otro Jeff Lebowski, un viudo administrador de una importante Fundación en Los Angeles cuya segunda mujer, Bunny, una joven con pasado en el porno, acaba desapareciendo en extrañas circunstancias. A partir de entonces, el Nota y sus compañeros del equipo de bolos, Walter y Donny (John Goodman y Steve Buscemi, respectivamente), comienzan a investigar todo el asunto en la mejor tradición de la novela negra.

Uno de los aspectos más minusvalorados de la cinta es su valor alegórico. Ambientada en los días de la Guerra del Golfo, es la mejor película americana sobre este conflicto, lo cual tampoco pone el listón muy arriba porque el cine bélico se ha convertido en un vehículo obsoleto, en el que ya no tiene sentido invocar a la épica y gloria de anteriores batallas ni tampoco aporta demasiado hacer un nuevo alegato contra el sinsentido de las guerras, después de tantas obras (algunas mejores que otras, claro está) que han tocado ya el tema.

Pero El gran Lebowski aporta una acertada interpretación de la realidad de aquel fregado (“¿Es que no lo ve? ¡Se ha secuestrado a sí misma…!”) a la par que tiene el valor profético de que la cosa con el “jodecamellos de Irak” no iba a parar ahí.

Al final nos topamos con un trío de amigos que inevitablemente despiertan nuestra simpatía, rodeados de un grupo de personajes a la altura del circo de la ciudad de Los Angeles (la “artista fuertemente vaginal” Maude, el lameculos de Brandt, el productor de cine adulto Jackie Treehorn, nihilistas germanos en mono, el “huelebraguetas” Da Fino…), y aunque Bridges está inconmensurable como Nota, es necesario destacar el trabajo de John Goodman. Walter Sobchak, ex-combatiente de la guerra de Vietnam, católico polaco reconvertido al judaísmo, es un papel como no se ve todos los días, una presencia titánica en la que su belleza radica en su sencillez.

Y aprovechando la circunstancia, declaramos nuestra apuesta decidida por la versión original, sin que ello impida reconocer que la industria del doblaje ha obtenido extraordinarios resultados en España, uno de ellos esta misma película. La voz de Goodman corre a cargo de Carlos Ysbert, un nieto de Pepe Isbert que es la voz de Homer Simpson desde el fallecimiento en 2000 de Carlos Revilla, el genial adaptador original de la serie de Matt Groening.

En cuanto a imágenes que el film deja en la retina, pues un montón:

Y por supuesto la genial intro musical al breve pero explosivo cameo de John Turturro:

En su siguiente obra, los hermanos siguieron en el terreno de la comedia con O Brother! (O Brother, Where Art Thou?, 2000), una historia lejanamente inspirada en la Odisea en la que tres reclusos (George Clooney, John Turturro y Tim Blake Nelson) se fugan en plena Gran Depresión por los endémicamente deprimidos estados del Sur de EEUU.

obrotherEs ésta la primera colaboración entre los Coen y el señor Clooney, y el primer papel en el que éste explota su perfil comediante, que consiste en cambiar la cara de resabiado con la que vende productos Nestlé o asalta casinos en Las Vegas por un rostro más desencajado, con los ojos muy abiertos, que le da un aspecto bastante alucinado, todo ello metiendo diálogos a la máxima velocidad. Por encima de prejuicios, es una muestra de versatilidad de la estrellona, la verdad.

La película adolece de cierta falta de ritmo, pero también lo hace la Odisea y otros derivados suyos. A la mismo tiempo ofrece buenas escenas, dentro del tono más caricaturesco de las fábulas Coen, a medida que en su viaje los protagonistas topan con diferentes obstáculos, incluyendo sirenas, un cíclope, maltrato animal diverso, atracadores de bancos, el Ku Klux Klan, una carrera electoral en paralelo y la incesante caza por parte de los responsables de la prisión de la que se fugaron. Un aspecto a destacar es la banda sonora, a cargo del genial músico y musicólogo T-Bone Burnett, y que repasa el blues más primitivo, los espirituales, el bluegrass y en general el folk tradicional americano… Vendió un montón de discos, y consiguió poner brevemente de moda estos estilos clásicos.

La siguiente película de Joel y Ethan pertenece a su vertiente más introvertida. El hombre que nunca estuvo allí (The Man Who Wasn’t There, 2001) vuelve a contar con un característico y exagerado careto para protagonizar la historia, en este caso el de Billy Bob Thornton. Pero lo que hace Billy Bob es un notable ejercicio de impasibilidad, mientras a su personaje se le va complicando la vida a cada paso más, y su única respuesta es fumar otro cigarro (fuma hasta mientras hace la voz en off).

El señor Thornton interpreta a Ed Crane, un silencioso barbero consciente de que su mujer, la contable Doris (de nuevo la señora McDormand) está teniendo un affaire con su jefe en unos grandes almacenes, Dave (James Gandolfini). Un día en el trabajo, un desconocido le ofrece la posibilidad de invertir en lavado en seco. Ed intentará chantajear a Big Dave para conseguir en el dinero, pero como siempre pasa en el cine de los Coen, el crimen es un terreno resbaladizo, en el cual se comenten errores y se pagan consecuencias.

Así contada, la película parece un ejercicio más de cine negro, realzado por la magnífica fotografía en blanco y negro a cargo del británico Roger Deakins, pero en realidad se trata de una apuesta por el absurdo en toda regla. Ambientada en California en 1949, el terror nuclear y el fenómeno OVNI aparecen como temas de fondo muy presentes. Extraño es también un mundo judicial en el que Tony Shalhoub (Monk) interpreta al reputado abogado defensor Freddie Riedenschneider, capaz de proponer la defensa de su cliente invocando el principio de incertidumbre de Heisenberg…Por su parte, la adolescente Birdy (Scarlett Johanson) representa una honesta aspiración de Ed: participar de un mundo más hermoso y elevado que la pesadilla kafkiana que le ha tocado vivir.

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En 2003 los hermanos vuelven a buscar la carcajada del espectador, en esta ocasión celebrando la alta comedia de enredo sentimental del Hollywood dorado, con Crueldad intolerable (Intolerable Cruelty). De nuevo cuentan con George Clooney, a quien emparejan en glamour y sonrisa nuclear con la belleza galesa Catherine Zeta-Jones. Clooney interpreta a Miles, un prestigioso abogado matrimonial que se verá enfrentado con Marylin (Zeta-Jones), una sofisticada chica florero acostumbrada a la buena vida y que busca un lucrativo divorcio.

intolerablecrueltyNuevamente echan mano de un reparto que sólo su prestigio como directores especialistas en sacar lo mejor del electo actoral hace que puedan permitirse, incluyendo a Geoffrey Rush, Cedric the Entertainer como un indiscreto detective y, repitiendo, a Billy Bob Thornton, en este caso mucho más suelto y reconocible en pantalla (hasta aparece con sombrero vaquero). Al final todo es muy shakespeariano, con los trabajos de amor y lo del cazador cazado, pero con el barniz macabro característico de los autores la cosa se resuelve en complot homicida. Por cierto, otro que lo borda es Richard Jenkins en el papel del abogado de Marylin.

Al año siguiente, los Coen firman una nueva comedia, con tonos de humor negro y el elemento criminal como desencadenante, por supuesto. Ladykillers (The Ladykillers, 2004) no es sino una nueva versión de El Quinteto de la muerte (The Ladykillers, 1955), genial obra de Alexander Mackendrick con respecto a la cual el remake… palidece, claro está. No es una maniobra acertada meterse con los clásicos, menos con uno en el que figuraban monstruos del calibre de Alec Guinness o Peter Sellers. No es que Tom Hanks no ponga lo mejor de su esfuerzo, consiguiendo la interpretación sólida que uno espera de ladykillers una estrella de Hollywood en el sentido clásico, y las secuencias de presentación de los componentes de la banda son tan divertidas como se pueda pedir, pero no es una película que aporte nada especial a la historia del cine.

Sin embargo, tras veinte años de carrera y algunas de las películas más interesantes de la cinematografía americana reciente, quizá los hermanos se sintieron con derecho para realizar una pequeña frivolidad. En nuestra próxima y última entrega repasaremos la última década de la filmografía Coen, hasta la actualidad.

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