lunes 23 de abril de 2018 -
A Revolta | Magazine Cultural Online

EL NOMBRE Y LA RELIGIÓN

Foto: Yon Garin//www.flickr.com/photos/jgarin

Pensad por un momento en los absurdos nombres de los periódicos. El País…… ¿Qué país? ¿Por qué el país?…..El Mundo (nada menos), El ABC (nombre especialmente infame). ¿Nadie se atrevió a publicar “El Universo” aún?… Seguramente después de 100 años de existencia o una tirada inicial de 3 millones de ejemplares tendrían el mismo predicamento “La riestra” o “El Mancebo” como nombres de Diarios. Aún así, seguirían por debajo del supremo “La razón”, al que le falta un paréntesis al lado para completar el nombre más soberbio peyorativamente hablando que se me ocurre. “La Razón (suprema)”. Es curioso cómo los sustantivos pierden su verdadero sentido cuando se vinculan con aquello a lo que  nombran sin que tenga nada que ver con su significado. Es necesario añadir el factor tiempo o poder a la ecuación. La tradición normaliza la estupidez y la convierte en respetable. Lo mismo que le sucede al Cristianismo. La creencia de que cuando morimos resucitamos, por ejemplo, se toma como algo normal por el hecho de que llevamos 2000 años sufriéndola. Si yo salgo en la televisión predicando que cuando un humano se muere se convierte en electrodoméstico me tacharían de botarate.  El caso de los nombres de los grupos de música también valdría. Son absurdos o lamentables hasta que el grupo adquiere relevancia, momento en el cual todo lo que tenían de negativo pasa a ser irrelevante o incluso atractivo. Si viramos al ámbito militar para ver el uso de los nombres creo que son gentes más serias, o eso parece por lo que veo en las películas. Tienden a tirar de recursos clásicos, como las recurrentes letras griegas. Delta, Omega… Epsilon sin embargo parece aún relegada exclusivamente al  campo de la ciencia ficción. Debe de sonar muy rara. Esta dessustantivación cual deshumanización de los nombres que no de los hombres ocurre también con los apellidos, segundos nombres de los segundos mencionados. A nadie le suena raro que su amigo Joaquín Manco sea ambidiestro. Puede que en su juventud las pasase un poco canutas, más si se apellidara feo o algo más vejatorio que el que la falta de un brazo (Joaquín Manco es un personaje ficticio, aunque seguramente coincida con algún ser real en este mundo). Los niños son más literales al respecto. Más directos. Más sinceros… A no ser que salgan de su región de origen. En la mía llamar a alguien Falo es algo normal, pero si sales por el mundo castellano-parlante resultará cuando menos raro. A no ser que se acuerden de Falete y te relacionen con su persona o nombre, lo cual seguramente sea peor. Volviendo al tema de los periódicos, he de elogiar a aquellos que no pecan de grandilocuentes (como El Mundo) o de infantiloides (El ABC). Esos austeros diarios que se llaman como se tiene que llamar un diario (Diario de Soria, Diario de Badajoz). Tengo la duda de si elogiar a aquellos que se toman ciertas licencias metafóricas como el Heraldo de Soria. Y tengo la certeza de censurar por simplista a quién se denomina “El Periódico”.

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