domingo 19 de noviembre de 2017 -
A Revolta | Magazine Cultural Online

EL HOMBRE QUE RÍE Y CONMUEVE

Escondiendo la desdicha debajo de una forzada sonrisa

themanwholaughs2

Basada en la novela de Víctor Hugo, Universal Studios junto al director Paul Leni, presentaron en el año 1928 está magnífica y cautivadora historia de un hombre desfigurado por una banda de robachicos que encuentra el amor y refugio en una joven invidente, pero que podía sentir al verdadero hombre que ríe. Una de mis películas favoritas, dejando de lado que sea una buena historia, la actuación del gran Conrad Veidt la hizo aun más especial y sentida.

Un domingo por la noche terminaba de ver el desenlace fantástico de la película, el de la sonrisa inquieta y su amada terminaban juntos meciéndose con las olas del mar, que final perfecto.

Si tuviéramos la desdicha o fortuna de Gwynplaine, de tener marcada en nuestra cara una inquietante sonrisa, ¿lo soportaríamos? ¿viviríamos siendo la burla de muchos? lo dudo.

El simple hecho de fastidiarnos al dibujar una falsa sonrisa en la cara cuando familiares que no conocemos tocan nuestra puerta un día cualquiera, tratar de ser amables y gentiles con personas que nunca hemos visto en nuestras vidas o que por algún motivo no son de nuestro agrado. Ahora entiendo al personal de atención al cliente de diferentes empresas, cargar con una sonrisa todo el día, ser gentiles con los clientes, entre otras acciones. ¡Qué chamba!

themanwholaughs

Gwynplaine tuvo una gran oportunidad, de esas que sólo aparecen una vez en la vida. Grandes casas, comida de primera, un puesto en la realeza, fieles seguidores que morirían por él. El paquete era tentador, no era para despreciarlo, pero al joven le faltaba algo para estar completo, mejor dicho, alguien, su amada Dea, a quien rescata una noche del maldito frío, logrando que sobreviva con el calor de su cuerpo.  No quería abandonarla, no quería estar solo en un mundo completamente desconocido para él. No quería nada de lo ofrecido, solo quería a Dea, quería a sus amigos del circo ambulante, quería ser él y no fingir ser otra persona.

Los espectadores de los distintos espectáculos, quienes se mofaban de él, serían los primeros en defender su libertad, enfrentándose a las autoridades reales. Payasos, deformes, enanos y animales, eran la familia de Gwynplaine, hombre de sangre real pero de corazón humilde.

Quiero creer que Dea y su familia postiza lo amaban a corazón abierto, de la misma forma en la que él los amaba. El amor, tan ingrato e impredecible, pero que despierta sentimientos y pasiones en nosotros, y que nos esculpen esa sonrisa que Gwynplaine llevaba con dignidad. Muchos dicen que la sonrisa es el reflejo de la felicidad del alma, yo diría que es la aceptación de lo que somos y de lo que seremos.

Si te gusta este artículo, ¡compártelo!

Dejar una respuesta