domingo 19 de noviembre de 2017 -
A Revolta | Magazine Cultural Online

EL ROSTRO MESTIZO DE LOS ANDES PERUANOS

12 Huamanga

Los Andes son la espina dorsal de Perú. Su sombra es larga y dilatada, y ampara a multitud de pueblos y culturas. Cada rincón de su dramática orografía encierra una historia diferente, te desvela una nueva forma de entender el mundo. El exotismo folclórico es un anzuelo irresistible para el forastero, que fácilmente caerá en la trampa de creerse testigo de un mundo aislado, incontaminado, genuino. Sin embargo, el mestizaje lo ha conquistado todo. Lo indígena y lo hegemónico, lo rural y lo urbano, lo místico y lo mundano, lo atávico y lo contemporáneo, lo salvaje y lo civilizado: los extremos entran en contacto continuamente; en ocasiones se armonizan, otras entran en conflicto. Y algo de esa colisión permanece adherida a todas las cosas –ya sea un rostro, un escenario, una acción o un rito–, y pone al descubierto los múltiples matices del mestizaje ancestral de la población andina.

Como escribe Pablo Corral Vega, fotoperiodista ecuatoriano, todos los pobladores del Ande son huairapamushcas, hijos del viento, como ese viento que trajo hace cinco siglos los galeones españoles a las costas de América latina. Dos mundos se enfrentaron durante la Conquista, y el resultado de este choque de culturas fue un mestizaje siempre caprichoso, a veces violento. Y eso es ser hijo del viento: ser un pueblo extremadamente diverso, que no es de aquí ni de allá, donde es casi imposible encontrar elementos culturales puros, pero cuya identidad se encuentra vinculada inseparablemente a la geografía extrema de la cordillera andina.

Valle Colca

La manera más accesible de identificar una etnia del Ande peruano es su vestimenta. Cada comunidad andina posee un atuendo característico y la forma de un sombrero o el encaje de una prenda delatan la procedencia de los pobladores. Sin embargo, este es otro elemento heredado del mestizaje cultural impuesto por el conquistador. En los siglos del Virreinato, la organización colonial impuso para fines tributarios y de control político ciertos códigos de vestimenta a las diversas comunidades indígenas, como el uso de largas faldas y los sombreros de paño, mezclando elementos españoles con nativos.

Esta serie de fotografías señala espacios donde se ha naturalizado el desencuentro, donde el confín siempre resbaladizo de lo mestizo, de lo colonizado y lo hermanado, se revela y se representa. Son indicios para comprender qué significa, regresando a la definición de Pablo Corral Vega, ser huairapamushcas, ser hijos del viento.

Si te gusta este artículo, ¡compártelo!

Dejar una respuesta