lunes 23 de abril de 2018 -
A Revolta | Magazine Cultural Online
Foto: Dina Goldstein

El 23 de abril, día del libro, recorría yo por la mañana los puestos de las librerías atestados de las últimas novedades editoriales, así como de curiosos, incómodos cochecitos de bebé, personas que se encuentran con sus vecinos y deciden conversar taponando el gentío, niños ilusionados pasando las páginas de algún libro con ilustraciones, etc. Es decir, toda una multitud dándose cita en un espacio realmente estrecho e impidiéndote alcanzar ese libro que tiene un título tan llamativo. Pues bien, me encontraba en el centro de esta batalla anual, luchando con mis codos por acercarme a cada puesto y echar un ojo a la mercancía, puesto que este año era el primero en una buena temporada en el que no tenía en mente ningún título o autor en concreto, sino que iba a la aventura, en busca de algún Santo Grial que se iluminara al contacto con mis manos, pero con la convicción de que esto era harto improbable. Por eso, cuál fue mi sorpresa cuando Cómo ser mujer, novela de Caitlin Moran, se cruzó en mi camino.

How to be a woman

En esta obra que mezcla parte de ficción, con autobiografía y sobre todo mucha crítica, Moran–pequeña celebridad en su patria, Reino Unido, por ser columnista y crítica- va desmontando página tras página todos los mitos alrededor de la feminidad de una manera irónica, a veces sarcástica y esencialmente divertida. Pero, ¿cuál es la verdadera importancia de este libro y la razón por la que me ha hecho adorarlo desde que lo abrí? Su valentía a la hora de hablar de cualquier tema que afecta a las mujeres, por polémico o ínfimo que sea, de un modo claro y sin tapujos, olvidándose del trasnochado concepto de lo políticamente correcto, para abordarlos de manera directa y critica, algo que no se encuentra fácilmente hoy en día.

www.flickr.com/photos/sinamigosUna de las razones esenciales por la que venero este libro es por su reivindicación de la palabra feminismo. Desde que aprendí la definición del término en alguna clase de historia en mí adolescencia, yo me he declarado feminista. Sin embargo, en los últimos tiempos estaba empezando a rehuir de esta expresión, ya que cada vez que la escuchaba era como un sinónimo de machismo, algo de lo que yo estaba convencida que no era cierto. No obstante el constante uso indebido del término lleva a un contagio de acepciones que no lo definen. Moran vuelve a exigir el uso de esta palabra como sinónimo de igualdad, que es su verdadera definición. Si alguien no me cree que abra un diccionario de la RAE y le dirá: “1. m. Doctrina social favorable a la mujer, a quien concede capacidad y derechos reservados antes a los hombres. 2. m. Movimiento que exige para las mujeres iguales derechos que para los hombres.” En un mundo en el que en internet la palabra feminazi, vocablo cuyo significado es apabullantemente denigrante en muchos sentidos (al igual que su equivalente en cuanto a corrección gramatical, gramarnazi), y usada como sinónimo de feminista es trending topic, me parece que este libro tiene una importancia capital.

Pero no es solo el hecho de demandar nuevamente el uso del término feminismo donde recae la importancia de este libro. Es esencialmente su capacidad de hacernos abrir los ojos ante una realidad absurda y dañina que todos permitimos y aceptamos tácitamente a pesar de odiarla y ser conscientes de su irracionalidad. ¿A qué me refiero? Todo puede resumirse en el hecho de que las mujeres sigan deseando ser princesas, aspiración apoyada por la sociedad y, lo que es peor, alimentada por ella. Así, cualquier niña crece con esta idea en la cabeza y es “ayudada” por la televisión, revistas y sociedad en general a convencerse de que es la idea correcta. Sin embargo, Moran explica de manera rotunda la diferencia entre princesa y mujer: las princesas solo “son” mientras que las mujeres “hacen” y he aquí donde radica la importancia del movimiento feminista que tanto reivindica la autora. Las mujeres “hacen”, es decir, son capaces de realizar cualquier tarea, en cualquier ámbito del mismo modo que los hombres, por el contrario las princesas  se limitan a existir y cumplir todos los tópicos a los que están destinadas, mientras viven a la sombra de su hombre, que es el que “hace.”

Foto: Dina Goldstein

Este es pues el objetivo último de la autora, abrir los ojos a la sociedad ante la necesidad de desterrar de ella y de una vez por todas a las princesas. Pero para llegar a esta conclusión, Moran da una argumentación ampliamente detallada de todos los aspectos que conducen a este punto; y aquí quiero destacar su coraje al dar la opinión más sincera que he escuchado en toda mi vida ante el tema del aborto y con uno de los argumentos más demoledores:

www.anticapitalistas.net“No puedo entender los argumentos antiabortistas que se centran en que la vida es sagrada. Como especie, hemos demostrado hasta la saciedad que no creemos que la vida sea sagrada. La indiferencia con que aceptamos la guerra, las hambrunas, las epidemias, el dolor y la pobreza extrema y crónica, nos muestra que, por mucho que nos engañemos, sólo hemos hecho el menor esfuerzo posible para tratar realmente la vida humana como algo sagrado. No entiendo por qué entonces, en medio de todo esto, las mujeres embarazadas -mujeres que intentan tomar una decisión racional sobre su futuro y, normalmente, también el de su familia- tienen que sufrir una presión mayor para mantener la vida que, por ejemplo, Vladímir Putin, el Banco Mundial o la Iglesia católica.” (314-315)

En una Europa, en la que ciertos países están dando marcha atrás en sus leyes abortistas, con España a la cabeza y exponiendo para ello fundamentalmente la idea de que la vida es sagrada, estos dos párrafos deberían ser un jarro de agua fría ante la hipocresía de la que hacen gala nuestros políticos cada vez que abren la boca.

Pero, no solo descuartiza temas tan polémicos como el aborto, sino que también se centra en otros que podríamos considerar más frívolos y agrupar dentro de las pequeñas cosas del día a día. Sin embargo, no podemos olvidar que la vida se basa en todas esas pequeñas cosas y por lo tanto, estos temas forman un todo realmente trascendental.

Anorexia (DarkRosenrot)Hace un par de días, y con todas estas ideas ya en la cabeza, me encontraba hojeando un par de revistas de las que van dirigidas a mujeres en un bar, debo añadir que lo hacía con la intención de encontrar por mi misma alguno de los tópicos que la autora pone a relucir en el libro. Y no me decepcionaron en absoluto.  En una de ellas me encontré un artículo sobre dietas y exhortaba a las mujeres a seguir lo último en regímenes consistente en un ayuno casi total durante al menos una semana, roto únicamente por la ingesta de algunos líquidos y en algunos casos pequeñas cantidades de alimento sólido, todo esto complementado con ejercicio y otro tipo de terapias; realizándolo en hoteles de lujo, cuya estancia en ocasiones superaba los 3000 euros. El artículo señalaba ciertamente que la mayoría de los médicos ponía el grito en el cielo ante tamaña salvajada, pero se apoyaba en la idea de ciertos expertos que daban su visto bueno a este método y lo consideraban extremadamente beneficioso para la salud. El otro caso que quiero mencionar es el de la depilación. En otra de estas revistas, apareció un artículo sobre novedades en el sexo y en él se obligaba; sí, ni se daba la opción ni se sugería, se obligaba a las mujeres a hacerse la depilación brasileña, es decir, depilar el vello púbico por completo o casi por completo. Pues bien, esto son solo dos de los ejemplos que pretenden seguir creando las mujeres princesas que expone la autora. Al leer estos dos artículos yo puse el grito en el cielo y no podía sacarme de la cabeza las palabras de Moran en contra del delirante y extremo culto al cuerpo en nuestra sociedad y la absurdez de la nueva moda de depilación femenina, cuyo origen es si cabe más grotesco y simple: la mejor visualización de los primeros planos en las películas porno.

www.flickr.com/photos/maxcapacityDebo confesar que tras la lectura del libro, me encontraba en un estado de exaltación, pues por fin encontraba a alguien que hablaba de manera clara, de esas injusticias o sinrazones que aceptamos y hacemos porque damos por sentado que son así, sin reflexionar en su adecuación y que en realidad tienen una importancia fundamental en nuestro día a día y no temía plantarle cara a toda una sociedad que manipula todos y cada uno de los aspectos de nuestra vida. Pero, tras leer esos dos artículos que seguían afirmando que en realidad nada había cambiado, y que esas estúpidas revistas sin trasfondo seguirán décadas y décadas después de que la gente haya olvidado este libro, además de vender una cantidad de ejemplares abrumadoramente mayor a la de esta obra, mi espíritu se desinflo de manera inmediata ante la perspectiva del “todo sigue igual.” Sin embargo, anoche haciendo zapping me topé con un documental sobre la banda rusa Pussy Riot, colectivo de punk-rock postfeminista, conocido básicamente por la detención de tres de sus miembros tras un acto de protesta contra Putin en una catedral de Moscú. En ese momento, al ver la actitud, actuaciones e ideología de estas mujeres, empecé a reflexionar y a pensar en mí y en la mayoría de mujeres que conozco y me di cuenta no solo de que todo iba a cambiar, sino de que todo había cambiado ya. Aunque sigan existiendo esas revistas con “consejos” para mujeres, cada vez son menos las mujeres que siguen dichos consejos y más las que se ríen de ellos y les hacen un corte de mangas.

 

 

 

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