lunes 18 de diciembre de 2017 -
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VEINTE AÑOS DE VIAJE

super8

Tal día como hoy se cumplen dos décadas del lanzamiento de Super 8, el primer larga duración de Los Planetas. Aprovechando la efeméride trazaremos un breve repaso a la trayectoria del grupo granadino.

MedusaEl origen de la banda se debe al encuentro entre Juan Rodríguez (J) y Florentino Muñoz (Florent) a principios de la década de los 90; estos dos personajes conforman el hilo conductor de la saga planetera hasta nuestros días. Juntos crean Los Subterráneos, pero como Christina Rosenvinge se hace acompañar en aquella época por un combo del mismo nombre, acaban por cambiarse a Los Planetas, nombre bajo el cual editarán un EP con Elefant Records titulado Medusa en 1993.

La acogida de las maquetas de Los Subterráneos había sido más que notable, y Medusa continúa la senda del reconocimiento por los círculos habituales de la llamada independencia musical patria (ya sabéis: Radio 3, Rockdelux…). El éxito les lleva a fichar por RCA, subsello de la multinacional germana BMG (posteriormente fusionada con Sony, y finalmente absorbida por los japoneses) para editar su primer LP. Podríamos comenzar aquí una diatriba sobre la contradicción entre la defensa de la independencia y la aceptación del vil metal, pero es un debate superado hace eones, así que pasando página. Diremos en cambio que Super 8 (1994) es un trabajo sorprendentemente redondo, un soplo de aire fresco en el panorama nacional de la época. La banda la completan en ese momento May Oliver al bajo y Paco Rodríguez a la batería, y la producción del disco corre a cargo de Fino Oyonarte, bajista de Los Enemigos cuyos intereses se acercan más al pop de lo que deja entrever su labor con los más célebres rockeros de Malasaña (a Clovis me remito).

Como hemos mencionado, el ya veinteañero disco suena estupendo de principio a fin, comenzando por De viaje, galopante colección de texturas eléctricas firmada por la banda al completo (el resto de temas del álbum están compuestos por J y Florent al alimón) y terminando por La caja del diablo, asfixiante pasaje velvetiano culminado por un épico crescendo de batería, clásico patrón que repetirán con posterioridad en diversas piezas de largo desarrollo.

Directo

Este último corte ilustra a la perfección una de las claves de la banda: J, cantante por obligación, graba la voz a un volumen bastante inferior al de la música, de modo que para entender las por lo general interesantes letras (ésta en concreto trata de las drogas, un tema al que acuden hasta la sobredosis los granadinos, sobre todo en su primera época, y el incesto, que ya aparecía en el tema inicial de Medusa, Mi hermana pequeña) el fan de Los Planetas procederá a la escucha concentrada del tema, pues no será antes de la cuarta o quinta audición que se empiece a entender lo que el buen hombre está diciendo. Otro aspecto curioso resulta que el cantante emplee para cantar un español completamente neutro, cuando cualquiera que lo haya oído expresarse fuera de los escenarios puede dar fe del profundo acento con el que cuenta (tanto él como el resto de la banda). Asimismo cabe resaltar en el disco una faceta que se transmitirá al resto de la carrera del grupo, la estética, con un gran trabajo de diseño a cargo de Javier Aramburu (ilustrador y también músico a primeros de los 90, con el dúo Family), quien firmaría una portada para el recuerdo, la que aparece encabezando este artículo.

Del trabajo se extraerían dos sencillos, Brigitte, una clásica y elegante melodía pop, y Qué puedo hacer, urgente tema de reconocible estribillo que alcanzaría mayor reconocimiento comercial. Pero el resto de canciones del álbum no tiene desperdicio: Si está bien expresa con la habitual sencillez expresiva de J (su mayor baza lírica, de cara a conseguir empatía con el oyente) la angustia emocional adolescente de toda la vida; 10000 es un sedado relato del sórdido mundo de la prostitución juvenil; Jesús, una nerviosa búsqueda de la fe, a la que se vuelve cuando la desorientación ha barajado todas tus referencias; y Estos últimos días, lánguida letanía sobre la ruptura, punteada por distorsión. Especialmente acertadas son dos piezas del final del LP: Rey Sombra, recreando el oscuro paraíso artificial de quien ha tocado fondo, y Desorden, inspirada en el trágico final de Ian Curtis.

El sonido del grupo, en el que se reconocen influencias de los yanquis Mercury Rev, o los británicos My Bloody Valentine, Ride o Spacemen 3, es catalogado como noise, etiqueta laxa como pocas; la postura del muñeco de la portada de Super 8 remite directamente al shoegaze.

Convertidos en el emblema de la emergente escena indie española, heredera en funciones de la Movida ochentera, en 1996 realizan su segundo disco, Pop, para el que cuentan con la producción del neoyorquino Kurt Ralske, el hombre tras Ultra Vivid Scene, proyecto de pop atmosférico y temática oscura. Cambios en la formación, una constante en este período en el grupo: a la batería Raúl Santos sustituye a Paco Rodríguez. El trabajo de Aramburu en el diseño de la carpeta es, de modo poco original, pop art de toda la vida.

Pop

Este segundo disco no alcanza las cotas de su ópera prima, aunque se mueve en coordenadas similares. Por una parte, temas energéticos en la estela de Qué puedo hacer, como Himno generacional #83 y Punk, con sus pegadizos estribillos de ruptura, Ondas del espacio exterior, modulador de ondas incluido y la divertida mala baba sobre el mundillo de Por una nueva prensa musical. En este palo se lleva la palma 8, perfecta muestra de power pop en castellano que permanece como uno de los mejores temas que hayan firmado los granadinos.

Por otro lado, el pop más melódico de Brigitte resuena en Jose y yo, Ciudad azul y David y Claudia (esta última se extrajo del disco como sencillo, junto a Himno generacional #83 y Punk). También hay espacio para el riff machacón de La máquina de escribir, un medio tiempo puntuado por rabia como es Aeropuerto y los devaneos psicodélicos del largo tema inicial db.

El tercer largo de Los Planetas representa un punto de inflexión. Más movimiento en las filas de los granadinos: May Oliver deja el bajo, que cogerá Kieran Stephan, mientras que la batería recibe el plus de pegada de Eric Jiménez (Lagartija Nick). La producción vuelve a correr a cargo de Ralske, que se llevará al grupo a grabar a Nueva York. El resultado, Una semana en el motor de un autobús, es inmejorable.

IrritanteDe nuevo en el diseño, Aramburu opta por un enfoque minimalista protagonizado por la X de irritante, adjetivo que representa al clásico sonido planetero para determinados oyentes, y los doce cortes del disco conforman una especie de álbum conceptual, en el que el protagonista desgrana una situación de crisis sentimental sazonada por el consumo de sustancias psicotrópicas, con sus correspondientes subidas y bajadas. A partir de esa premisa, Una semana… es como el cerdo, todos los temas son imprescindibles, la rabia de Segundo premio, el nihilismo de Desaparecer, los celos de La playa… y así podríamos seguir con todo el listado. Respecto a la clasificación de estados de ánimo, al subidón se corresponden las aceleradas Ciencia ficción y el himno farlopero Cumpleaños total, así como la más tranquila Laboratorio mágico. El bajón está profusamente descrito en Parte de lo que me debes o la odisea Toxicosmos, pero además, como en todo disco grande, se deja para el final un punch extra que deja aplastado al sujeto escuchante: con preciosos y precisos arreglos orquestales de cuerda, Línea 1 y La Copa de Europa culminan la intrahistoria narrada en el disco, tocando fondo y renaciendo… ¿o no?

Línea 1 no deja dudas, sobre el fondo de unas risas infantiles J, simplemente acompañado de una guitarra acústica, recita algunas de las líneas más devastadoras de la música popular en español:

Iba a hacerlo esta mañana/levantarme de la cama/comprar algo de comida/y empezar con otra vida/…/Y después pensé, mejor que no/y puse la televisión/subí a pillar un poco más/después de todo esto no está mal.

Un inciso: se podría considerar que Los Planetas hacen apología de las drogas al hacer referencia a ellas en gran cantidad de sus temas (sobre todo, como ya hemos dicho, en esta primera etapa), pero también es cierto que la aridez de Toxicosmos o esta sencilla letra reflejan como pocas la soledad infinita, la confusión y el drama circular del adicto.

En este sentido, La Copa de Europa no es tan concluyente: ¿qué es lo que decide hacer el protagonista? Juzguen ustedes:

La acogida de Una semana en el motor de autobús fue extraordinaria, tanto por la crítica como por el público, y propició que en 1999 un grupo de apenas un lustro de existencia lanzase un recopilatorio: Canciones para una orquesta química. Singles y EP 1993-1999. En la portada, una vez más obra de Javier Aramburu, el muñeco de Super 8 toca un violín con una batidora, y los diversos créditos recuerdan a los típicamente utilizados en la música clásica. Por otra parte, el título del doble CD es completamente descriptivo: de Medusa en adelante, recoge todos los lanzamientos menores del grupo, incluido el EP de 1995 Nuevas sensaciones (descarte de Super 8 que sí puede alinearse decididamente en la apología estupefaciente: …le dice a sus amigas/prefiero estar muerta que aburrirme así) y un nuevo EP del 99, ¡Dios existe! El rollo mesiánico de Los Planetas, en el que demuestran mantener un gran estado de forma e incorporan al repertorio un clásico instantáneo, la épica La guerra de las galaxias.

Si algo queda de manifiesto en la compilación es que Los Planetas cagan temas brutales como si nada, con caras B por las que otros grupos venderían su alma (de conservarla), como la nostálgica La Casa, la sádica Algunos amigos o la seductora El coleccionista, además de la excelente versión de Northern Sky, tema del malogrado Nick Drake.

Por supuesto, ese nivel de acierto y productividad sería imposible de mantener ya no a largo, sino a medio plazo. En el futuro, Los Planetas recurrirían a temas relleno como todo hijo de vecino; pero de eso hablaremos en una siguiente entrega.

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1 comentario

  1. espiaruso 21 agosto, 2014 at 18:57

    Que conste que no he oído muchos discos españoles a la altura de Una semana…, pero creo que sería de recibo mencionar (de pasada, como quien no quiere la cosa) a Étienne Daho. Aparte de eso, gran artículo (parte I y II) sobre un grupo al que, desde su canto de cisne en autobús, les he ido perdiendo la pista porque, sinceramente, hagan lo que hagan, es imposible que vuelvan a llegar tan arriba (en mi hagiografía particular).

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