domingo 23 de julio de 2017 -
A Revolta | Magazine Cultural Online
BobDylanCantSing

Acudir a un espectáculo en directo es una actividad cultural que hoy en día está al alcance de cualquiera. Existen distintos tipos de espectáculos en directo, que pueden variar dependiendo de la existencia o no de un/a artista y un público interesado.

En la mayor parte de los casos, la relación entre estas partes debería ser de interés recíproco, esto es, al público no le interesará mucho un espectáculo sin artista y al revés, para el/la artista una parte fundamental será el público; pues bien, cuando se acude formando parte del mismo, nuestra posición y actitud puede ser distinta dependiendo de la actividad cultural, así, si fuésemos a ver una exposición de cuadros, es probable que no interactuásemos con el/la pintor/a, y tampoco sería muy habitual ver a una persona aplaudiendo delante de una obra concreta.

Es distinto el caso de una obra de teatro en la que se espera de nosotr@s que aplaudamos cuando termina, o un monólogo de humor en el que lo habitual es que el público se ría si una parte tiene chispa. Por lo tanto, en el caso de un concierto de música en directo, lo normal también sería interactuar directamente con l@s artistas, aplaudiendo en determinados momentos para demostrar nuestra satisfacción con lo que estamos escuchando, o incluso participando activamente en la música, cuando l@s artistas lo solicitan.

Al ver música en directo se entremezclan sensaciones de todo tipo: las que nos genera la música al escucharla (alegría, euforia, melancolía…) y también aquellas que nos generan l@s artistas que la componen, interpretan o improvisan (admiración, respeto…).

Vemos por lo tanto que al disfrutar de una actividad cultural existe una actitud interactiva por parte del público, en general es conocida por todo el mundo y bien interpretada, sin embargo, ¿qué sucede con la otra parte de la actitud, la pasiva, el momento en el cual la gente no tiene del todo claro cómo debe actuar?…

Volvamos al ejemplo de la exposición de cuadros, en este caso la mayor parte de las veces utilizaremos casi de forma exclusiva nuestra vista, nos concentramos en lo que estamos viendo, y nos dejamos llevar por las distintas sensaciones que nos producen las obras, así, dependiendo de nuestro mayor o menor conocimiento obtendremos un disfrute proporcional. En general nos gusta disfrutar de las obras en silencio, y en los museos es habitual encontrarnos con una indicación que nos ruega “no molestar” o bien “guardar silencio”. Esto se debe a que aunque no utilicemos los oídos para ver la obra, sí que es necesaria una cierta tranquilidad para concentrarnos y alcanzar un supuesto momento de comunión con el/la artista y su obra. Sin embargo, el/la artista no suele estar delante mientras admiramos su obra así es que en realidad poco le importa si hablamos en tono alto o no, le importaría más al resto de personas que están en el museo, así es que guardamos silencio o hablamos en tono bajo.

Darth Vader SilencioEl caso de la música, en cambio, es distinto, se podría decir que el silencio lo es todo, la premisa fundamental para que pueda existir la música es que previamente exista el silencio y partiendo de esta premisa se va desarrollando el resto. Es cierto que un concierto de música en directo es una experiencia multisensorial y por lo tanto también se utiliza la vista para un mayor disfrute. En ocasiones, el hecho de que el resto de nuestros sentidos estén activos, hipoactivos o hiperactivos puede generar una experiencia aun más satisfactoria. Sin embargo, en un concierto el sentido del oído es el principal, es en el que más nos interesa centrarnos, así que si el ambiente no es óptimo y se producen interferencias se generará incapacidad para disfrutar de la música por parte de l@s oyentes, además también tendrán problemas l@s propi@s artistas.

Hay sectores conservadores de nuestra sociedad que hablan de criterios de educación y respeto que por lo visto se están perdiendo en la actualidad. No cabe duda de que escuchar en silencio a una persona mientras interpreta una pieza de Mahler al trombón es un acto de educación y respeto, como también lo sería escuchar a un guitarrista interpretando a Hendrix. Sin embargo, hay  un principio más importante que el de la educación, un criterio ulterior que existe desde los comienzos de la humanidad y que debe regir la relación entre público y artista: el principio de la comunicación.

Un espectáculo de música en directo es por encima de todo un acto comunicativo, en el que hay dos interlocutores: el emisor, en este caso l@s artistas y el receptor, el público. Además hay un código, el musical, que los dos interlocutores conocen y pueden codificar y descodificar mediante un complejo sistema que combina impulsos físicos, mecánicos, bioeléctricos, nerviosos y neuronales. Un mensaje que se transmite, la obra musical. Un canal o medio físicopor el que se transmite ese mensaje, el aire y las ondas sonoras que generan los instrumentos y amplificadores… Y por último debería existir una retroalimentación o feedback, en el que se basa todo proceso comunicativo bilateral, en este caso podría ser el aplauso.

De un tiempo a esta parte este proceso comunicativo en la mayor parte de las actuaciones en directo se rompe debido a las interferencias o ruido. Alguna persona que esté leyendo pensará que me refiero única y exclusivamente a los conciertos en la calle o en los bares y locales pequeños, pero no es así, no solo ahí se da una falta total y absoluta de comunicación entre artista y público, también en eventos más grandes celebrados en auditorios se dan situaciones terribles. Pongo por ejemplo el caso de un pianista que lleva diez minutos interpretando e improvisando una gran obra al piano, llega al momento álgido del tema y hace una pausa con la intención de generar tensión en el público y cerrar la composición, justo en ese momento, en el que se van a generar todo tipo de sensaciones, justo ahí, se escucha una archiconocida melodía de móvil. Por supuesto la magia se pierde y con ella todo el trabajo, el esfuerzo, meses de ensayos y preparación, años de práctica y de sufrimiento, desaparecen en menos de un segundo. El artista en cuestión es incapaz de finalizar la obra como le hubiera gustado y el público por un momento tiene una sensación extraña, como de coitus interruptus, de juguete roto, de proceso inacabado.

¿Por qué sucede esto? ¿Por una cuestión de educación? ¿Por falta de interés? ¿Cómo puede ser que una persona que ha pagado una entrada para ver un/a artista no preste atención a lo que está escuchando? ¿Es por falta de respeto? ¿Se trata de una cuestión social o cultural?

Más allá de cuál sea la causa exacta de esta falta total de comunicación entre l@s artistas que se dedican a la música en directo y el público, resulta más preocupante el hecho de que en los últimos años en vez de erradicarse, el problema se ha extendido como una plaga imparable que arrasa todas y cada una de las salas de conciertos, teatros y auditorios de nuestro país.

Aunque no es una solución, se me ocurre que quizás antes de comenzar los conciertos una voz en off debería decir:

POR FAVOR RESPETEN A L@S ARTISTAS Y SU OBRA. MANTENGAN SILENCIO DURANTE SU ACTUACIÓN. GRACIAS

Si te gusta este artículo, ¡compártelo!

Dejar una respuesta