sábado 21 de octubre de 2017 -
A Revolta | Magazine Cultural Online
Happy-Children-Barthel

Es por todos sabido que la enseñanza ha variado mucho en los últimos años debido a los cambios sociales que se han venido produciendo, y que a su vez comportan cambios políticos y legislativos que afectan a la enseñanza.

El ritmo de vida, la constitución familiar, la plena incorporación de la mujer al trabajo, la disminución del número de hijos en las familias, los recursos para educarlos y un largo etc, son factores que suponen una serie de ventajas, pero como todo, tienen también una larga lista de inconvenientes. Uno de ellos es, a mi modo de ver, la falta de autonomía y de capacidad para tomar iniciativas que tienen nuestros niños.

Parece una contradicción que en un momento social en el que ambos padres trabajan fuera de casa y tienen que pagar una guardería para sus hijos en horario extraescolar, los niños no tengan seguridad y autonomía para hacer nada solos.

Al principio de este curso, esos mismos niños me explicaban, al olvidarse el material en casa, que su madre no se lo había metido en la mochila. Me refiero a alumnos de 9, 10 y 11 años. Mi reacción fue preguntarles: – ¿Quién viene al colegio, tu madre o tú?, ¿de quién es la mochila?, ¿quién va a usar el libro?

A las pocas semanas de comenzar a hacerles estas preguntas y dedicarles unos cuantos sermones, todos se cuidaban mucho de justificar sus faltas de material con ese tipo de excusas, pero no me cabe la menor duda de que siguen siendo las madres y los padres los que en muchos casos se siguen ocupando de preparar el material, la mochila, la ropa que sus hijos necesitan cada día.

Estas son cosas que están al alcance de los niños y que realizarlas por sí solos les beneficia más que otra cosa. ¿Por qué muchos padres insisten en realizar las tareas de sus hijos cuando llegan a casa después de una larga jornada, de hacer las cosas de casa, preparar la cena, etc? Tal vez sea sentimiento de culpa por no poder pasar más tiempo con ellos, tal vez así crean que están más atendidos, cuando lo que hacen es protegerlos y mimarlos en exceso.

Y siguiendo en la misma línea, existe otro hecho que no solo resta autonomía y sentido de la responsabilidad a nuestros niños, sino que además hace que sientan que el estudio y el trabajo escolar es también cosa de sus padres, lo que lo convierte en un trabajo en equipo. Me estoy refiriendo al hecho de que los niños ya no hacen los deberes solos, ni siquiera se les deja intentarlo. En muchos casos, los padres se sientan a su lado para realizar las tareas, y muchos de ellos, ni siquiera saben a dónde son capaces de llegar sin ayuda; no saben plantear dudas porque no sienten la necesidad de hacerlo. En estos términos el concepto de ‘ayuda’ pierde el sentido: eso no creo que sea ayudarles.

Soy especialista de música y lo que me dicen los padres y las madres que vienen a hablar conmigo por primera vez es que se sienten frustrados por no poder ayudar a sus hijos a estudiar flauta o a leer una partitura. Les explico entonces que yo lo considero una especie de buena fortuna, una oportunidad para que ellos se esmeren en sacar adelante algo solos; esto nos brinda la oportunidad de enseñarles a ser un poco autónomos, de que ellos mismos se preocupen por atender más en clase, de confiar más en sí mismos y en el maestro, de plantearse dudas, de exponer los problemas que tienen a la hora de estudiar o trabajar en casa… Los objetivos y contenidos son para los niños, adaptados a sus edades y capacidades, y además, se les dan pautas para realizar ese trabajo y ese estudio correctamente.

En definitiva, no digo que los padres debamos permanecer totalmente al margen de las tareas escolares porque nuestra participación también es necesaria (y yo me incluyo), pero debemos saber cuándo actuar. Debemos soltar la mochila y dejar que la lleven ellos.

Si te gusta este artículo, ¡compártelo!

Dejar una respuesta