domingo 23 de julio de 2017 -
A Revolta | Magazine Cultural Online
MESÍA CASTILLO 04-1

Que Galicia es una de los mejores destinos turísticos de España es algo que, hasta ahora, nadie se ha atrevido a poner en duda —ni siquiera la ignorancia más atrevida—. ¡Pobre de aquel! Nuestra tierra posee armas suficientes para satisfacer los deseos del turista más tradicional o del viajero más exquisito. Su particular geografía (de los miles de kilómetros de variadísima costa a un vasto territorio interior si cabe más diverso aún) ha condicionado el devenir de su historia y sus gentes, convirtiendo a Galicia un lugar donde encontrar todo lo imaginable. Lugares, formas de vida, patrimonio, manifestaciones culturales, etc. de toda índole se reparten por la geografía gallega.

No es casualidad que el gran Otero Pedrayo, en su Guía de Galicia (1926), dedicase las primeras páginas — que él tituló Parte General— a tratar de explicarle al lector la geografía de nuestra tierra (I). Continuaba el ourensano la Parte General con una síntesis histórica (II), una breve exposición de la Literatura y el Arte (III) para terminar hablando de la Estética del Paisaje (IV). ¿Cómo iba Otero a ofrecernos una guía —llamada Parte Descriptiva en su obra— sin explicarnos primero todo lo anterior? Nada se entendería. Sensacional la praxis del ourensano, sin duda.

Fruto de esta variedad geográfica —que, como ya hemos dicho, ha incidido capitalmente en su historia y sus gentes— Galicia nos ofrece destinos para todos los gustos. Los enamorados de la naturaleza pueden escoger entre un elenco de destinos radicalmente distintos: las Rías Altas y Baixas, la Ribeira Sacra, O Courel, Os Ancares, A Terra Chá, A Mariña Lucense… Por no hablar del Camino de Santiago —el paso de la frontera por Pedrafita do Cebreiro es calificado por todos aquellos que lo han vivido como algo único—. Para los amantes de la arquitectura, Galicia ofrece también una amplia variedad de destinos: el Ferrol de la Ilustración, la Compostela Barroca, la Galicia de los Mosteiros —qué decir de Oseira, Sobrado o Samos—, los tradicionales Pazos —de la majestuosidad de Oca al privilegiado entorno natural de Mariñán—, etc. Quienes persigan los llamados Patrimonio de la Humanidad encontrarán en Galicia la Muralla de Lugo, la Catedral de Santiago de Compostela y su casco histórico o la Torre de Hércules en A Coruña. Pero no debemos olvidarnos de aquellos que buscan diversión en un ambiente estival con sol, playa y gentes de todos los rincones; para ellos Galicia ofrece destinos como Sanxenxo o Baiona, que continúan arrastrando a miles de personas año tras año hacia nuestras tierras. Pero Galicia tiene aún mucho más que ofrecer. La ruta por el megalitismo y los vestigios de la cultura castrexa es un must para los amantes de la Historia: el Dolmen de Dombate y Axeitos, los castros de Viladonga, Santa Tegra y Baroña —entre otros muchos— o los petroglifos de Campo Lameiro. Y, finalmente, para los que deseen profundizar en la cultura y la sociedad gallega, a lo largo de los cuatro provincias se pueden visitar diferentes museos etnográficos: desde el sensacional Museo do Pobo Galego en Compostela hasta otros más específicos como el Ecomuseo Forno do Forte, por citar alguno. ¿Alguien da más?

Sin embargo, si por algo somos afortunados los que vivimos en esta tierra es porque, Galicia, aún cuando crees haberla disfrutado del todo, siempre tiene algo más que ofrecer. Este artículo pretende poner el foco en esa Galicia alternativa, en ese patrimonio que bien podríamos llamar oculto —bien por la desprotección al que está sometido, bien por el ostracismo al que está condenado o bien por el desconocimiento que la mayoría tienen de él—. Y es que, haciendo uso del refranero español, no hay peor látigo que el de la indiferencia. Pero, como siempre hay un roto para un descosido, aún quedan personas que se dedican —por puro amor al arte— a intentar descubrir todos esos pequeños —pero a la vez muy grandes— planes que nuestra tierra nos ofrece.

La primera parada bien podría titularse la Galicia de Leyenda. Las leyendas tradicionales gallegas”, del escritor coruñés Leandro Carré Alvarellos, es un magnífico material de apoyo para los que quieran emprender aventuras que nos trasladen a escenarios de insólitas leyendas. Curioso es haber descubierto esta obra por un navarro (ya se sabe: tenemos ojos para admirar lo ajeno pero no para lo propio). La obra de Carré Alvarellos está compuesta por una amplia serie de leyendas     cuyo escenario son diferentes puntos de la geografía gallega, clasificadas por temática: populares, religiosas, fantásticas, históricas y novelescas. Su utilidad es enorme, pues nos puede ayudar tanto a elegir un destino (el cual o bien desconocíamos o bien no despertaba nuestro interés) como a añadirle un plus a alguno que hayamos seleccionado previamente. ¿Es posible visitar Mondoñedo sin conocer la leyenda de O Pasatempo y el Mariscal Pardo de Cela? ¡Imposible!

EL CASTILLO DE MESÍA

Pero como lo que se pretende aquí es sacar a la luz aquellos lugares más desconocidos de nuestra tierra, hoy comenzamos hablando del Castillo de Mesía.

Mesía es un concello situado en la provincia de A Coruña, a medio camino entre A Coruña capital (50 km. Apróx.) y Santiago de Compostela (40 km). Del municipio de Ordes, quizá el más notable de entre sus alrededores, distan 16 km. Con una población que no llega a los 3000 habitantes, Mesía es un oasis en una provincia tan poblada como la de A Coruña. Al municipio se puede acceder por múltiples vías, por lo que es preferible consultar según punto de partida. En el folleto sobre el Castillo de Mesía que pone a disposición el Concello en su página web se muestras algunas posibilidades de acceso desde A Coruña o Santiago.

MESÍA CASTILLO 01

              El Castillo —en ocasiones denominado también Fortaleza o Torre— de Mesía está situado en un pequeño outeiro junto al río Samo. Partiendo de un reducido conjunto de viviendas llamado a Pobra se sitúa un panel informativo desde el cual arranca la visita. Un característico bar, al que se accede tras abrir una puerta typical-galician, puede servirnos para tomar un café antes de iniciar el paseo.

La antigua Fortaleza se encuentra totalmente ruinas. Pero gracias a ese estado de ruina el paseo desprende un halo especial, romántico y hechizante. También el entorno, en plena naturaleza, junto a un frondoso bosque y un sigiloso río, contribuyen a la causa. Mirar al horizonte es encontrarse con la nada más absoluta, lo que conduce inevitablemente a una sensación de paz y recogimiento. A pesar del evidente deterioro, de las ruinas se adivinan algunos elementos característicos, como la torre del homenaje, el foso y las murallas. El visitante puede pasear alrededor de todo su perímetro, e incluso, en un determinado punto, subir a lo que fue el interior de la fortificación.

 

El Castillo de Mesía, cuyos orígenes se remontan al final del siglo XIII o a principios del XIV, ejercía jurisdicción propia. Escenario de hechos históricos tan relevantes en nuestra tierra como la revuelta de los Irmandiños del siglo XV, su nombre se encuentra vinculado también a otros sucesos que obligan a mencionar figuras como la del rey Enrique de Trastámara o el Arzobispo Fonseca. Las fuentes señalan 1859 como la fecha de ruina definitiva.

Pero es la leyenda llamada “La infanzona de Mesía” la que aporta un algo mágico a la visita. Recomendable es leerla directamente del libro de Leandro Carré Alvarellos, aunque tanto en el folleto turístico sobre el castillo de Mesía, como en panel informativo in situ, ofrece un resumen de la misma. Como todos conocemos los efectos negativos de un spoiler, recomendamos leerla cuando se lleve a cabo la visita. No defraudará…

Las fotografías fueron tomadas durante un paseo en el atardecer de un sábado de invierno.

De nuevo tirando de refranero, conviene reinterpretar el viejo “No es más rico el que más tiene sino el que menos necesita” y manifestar con rotundidad: no es más rico el que más tiene, sino el que tiene la capacidad de saber disfrutar de los pequeños placeres y oportunidades que nos da la vida, a menudo tan pequeños que muy pocos pueden conocerlos.

Fotos: María Berini Pita da Veiga

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