sábado 23 de septiembre de 2017 -
A Revolta | Magazine Cultural Online
prensa 6

En la actualidad y como espectadores/as, nos hemos acostumbrado a que informativamente todo se nos dé hecho. Esta es una de las armas que la prensa ha aprovechado en su desarrollo histórico. Entre los años 1945 y 1975 el periodismo dará cobijo a una etapa  llamada de “periodismo interpretativo”  y que irá más allá del informar, formar y entretener que Dovifat había propugnado; todo esto hasta tal punto que la objetividad periodística llega a peligrar. Entonces a la prensa escrita le saldrán dos fuertes competidores: la radio y la televisión . En este caldo de cultivo nacerá la  prensa sensacionalista que en ocasiones ,dejando a un lado la ética del periodismo, hará que se gesten historias como la que se nos cuenta en libros como El honor perdido de Katharina Blum de  Heinrich Böll. La prensa escrita tratará de acaparar la atención del lector/a a través  de estrategias como la de ofrecer la información de manera que este/a no necesite pensar. El espectador/a es simplemente  degustador/a de un plato que otr@s han cocinado previamente, muchas veces con premeditación y alevosía.

Dogmas de fe

Cuando estamos ante una noticia, el/a periodista sabe que no nos planteamos qué es lo que de fiable hay en ella, sino que damos por supuesto que por el mero hecho de aparecer en un medio de comunicación ya es cierta. La obra de Heinrich Böll es un ejemplo de esto que tan a menudo sucede en la vida real. Sin embargo, esta vez no nos encontramos desde el otro lado del telón dónde todo nos parece ser verdad, esta vez estamos arriba, viendo lo que sucede a ambos lados de la escena y lo más probable es que lo de atrás no nos guste, porque vemos de qué manera la información es manipulada con el fin de que se ponga al servicio del periodista y no del lector.  Con la historia de Katharina asistimos horrorizados al nacimiento y muerte, o más bien diremos asesinato, de un “personaje público” a manos del PERIÓDICO que encarna a esa prensa sensacionalista de la que hemos hablado. Puede que creamos que ésta sea una historia que parte de la ficción, pero además de no ser así, deberíamos de preguntarnos cuántas historias como ésta, suceden a menudo en las redacciones de muchos periódicos que cada mañana desayunan con nosotros.

La dezinformatsia soviética

Pero el culpable de este tipo de acontecimientos no es el/la periodista, también los somos nosotr@s, lectores/as, que nos interesamos más a menudo por lo que de mordaz tiene la noticia que por lo que en ella hay de informativo. Mostramos interés  por  aquello que muchas veces no solo no informa, sino que puede llegar a destrozar la vida de una persona. En ese punto es donde la función del periodista es indispensable, su ética profesional y su honestidad debería moverle a ofrecer de la noticia solo aquello que sea mera información, tratada de manera objetiva y con un adecuado contraste de fuentes. Las fuentes, son por lo tanto, algo que no debemos olvidar ¿Qué credibilidad nos merece una información recibida? ¿Qué intereses tiene la persona que nos ofrece la información?, preguntas como estas, deben aparecer en la mente de l@s periodistas en el momento de procesar una información que posteriormente ofrecerá al lector como fidedigna. prensa 3El/la periodista debe de luchar contra lo que los soviéticos denominaron dezinformatsia (desinformación) que nacerá al calor de los servicios secretos y con lo que se conoce a la propagación de informaciones falsas para crear confusión en la opinión pública; esto que parece algo añejo, sigue existiendo, la desinformación tal y como los soviéticos la han entendido, es en nuestros días uno de los elementos más recurrentes en la prensa informativa, que en cierta medida muchas veces más que informar, desinforma. El/la periodista debe ser en este sentido el encargado de formar al lector/a, ha de hacer que se interese por la noticia en su estado puro como simple hecho informativo, y que ésta le sirva de puente con el mundo pero siempre dentro de los límites de la honestidad, del buen hacer. Como lectores/as hemos de tener muy claro que la prensa es el medio a través del cual nos relacionamos con la sociedad y si esta relación, no se cultiva de una manera sana jamás será beneficiosa para ninguna de las dos partes. El periodismo no es más que un cuchillo muy afilado, bien empleado hará los mejores filetes, pero mal empleado puede hacer que además de cortarnos, la sangre salpique a los que están a nuestro lado.

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