domingo 23 de julio de 2017 -
A Revolta | Magazine Cultural Online

SÚPLICAS IGNORADAS

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Sus ojos eran increíbles. Tan sólo estuve en contacto con ellos una milésima de segundo y la empatía fue tan grande que pude sentir el frío que estaba pasando. Nunca antes una mirada había conseguido infundirme tal tristeza. Seguí caminado sin poder reaccionar y dos meses después tiemblo recordándolo.

Rondaría los cincuenta años, cabizbajo y alicaído sentado en un soportal. Como única definición de ser, un cartel pidiendo ayuda. Los ojos rojos, hinchados por el llanto y la vergüenza de la situación en la que se encontraba, con barba de semanas sin asearse y ropa poco adecuada para un frío mes de enero. No miraba fijamente a nadie, ni imploraba clemencia.No pedía, al menos no verbalmente.

El rubor marcaba su rostro. Pero, en realidad ¿quién debería sentirse abochornado? ¿Él o la sociedad que le rodea?

¿En qué clase de monstruos nos estamos convirtiendo si no ayudamos a nuestros iguales? Todo el mundo se excusa diciendo que si estuviesen en la situación, no le tenderían la mano pero no entiendo cómo podemos llegar a ser tan hipócritas, es decir, “si siembras vientos, cosecharás tempestades”,  si no somos capaces de salvar a alguien en el momento que se nos presenta la oportunidad, no cabe esperar un trato diferente.

En qué clase de país vivimos si hombres, mujeres y niños, familias enteras duermen en la calle, estando desocupadas más de dos millones de viviendas.

Qué clase de mundo estamos creando si miles de refugiados mueren en condiciones infrahumanas por el simple hecho de huir de una guerra que los demás creamos y alimentamos.

La apatía es la solución, hacer oídos sordos ante las súplicas ajenas. Dejar morir a gente en los barrizales y aceptar el dinero que nos dan por sus desgracias. Es más sencillo pasar de largo y dar gracias por no estar en la situación que reivindicar un cambio.

Como dijo una vez Kevin Spacey :“Si quieres que la gente te escuche, no puedes limitarte a darles una palmadita en el hombro, hay que usar un mazo de hierro, sólo entonces se consigue una atención absoluta”. Sólo cuando son nuestros pies los que se congelan en un banco a las cuatro y media de la mañana nos enteramos de que si queremos un cambio todos tenemos que dar el primer paso. Que para que una guerra se termine, tiene que cortarse el suministro de armas y que si no queremos ver personas muriéndose de hambre en nuestras calles tenemos que dar oportunidades.

No esperes que las cosas cambien si no mueves un dedo para que ocurra.

 

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4 Comentarios

  1. . 25 abril, 2016 at 11:32

    Estupendo texto!!

    • Patri Porto 25 abril, 2016 at 11:43

      Muchas gracias, está escrito con la mayor sinceridad posible.

  2. Inma Trueba Echevarria 25 abril, 2016 at 14:26

    Me satisface comprobar que aún “es posible”, que muchos jóvenes españoles se plantean una realidad que no les parece justa y dan su opinión sin miedo. Gracias por ello Patri.

  3. Patri Porto 16 junio, 2016 at 13:21

    Muchas gracias, que lean nuestras opiniones también es algo que anima a seguir.

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