martes 30 de mayo de 2017 -
A Revolta | Magazine Cultural Online
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Cada año llega julio, el veranito, la playita, la piscina, la terraza de verano o el sarao nocturno. Y un par de meses antes, la operación bikini, dicen. Dicen también que es la época del año donde una parte de la población está deseosa de pasear palmito y otra de esconder sus carnes bajo blusas holgadas o entre cuatro paredes. Pero en realidad, no es cierto. Los que se lucen a conciencia, lo hacen durante todo el año, y los que sufren la vergüenza de esconderse en silencio, la sufren todo el año. Si, la sufren. Recomiendo el visionado de la película “Happiness”, de Todd Solontz, a todos aquellos que no sepan lo que es estar gordo. Pero no es de eso de lo que quiero hablar ahora. No exactamente.
Hace unos años se habló mucho de la tiranía de las tallas 36, de la cantidad de desórdenes alimentarios y problemas de salud mental que genera una sociedad que premia el atractivo físico hasta un punto enfermizo. Se vilipendió a las marcas por fabricar esas tallas tan pequeñas, y se afeó la conducta de Kalvin Klein y su musa de antaño, Kate Moss, por querernos vender la delgadez como belleza. Y todos nos rasgamos las vestiduras y apoyamos la moción. Pero en las pasarelas se siguen viendo sólo chicas delgadas. La publicidad de las marcas se basa sólo en chicas delgadas. Y en las películas, las protagonistas están buenas. Signifique esto, el canon actual de “estar buena”, o sea, guapa y delgada.

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Es curioso, porque en la época de nuestros abuelos, “estar buena” significaba tener unas caderas anchas, posaderas y mamas de buena nodriza. Era un concepto más “evolutivo”, más “natural”, pero no por ello menos cruel. Pero como todo, cambia con las modas.
En los años 20 se ponen de moda las delgadas, en los años 40 y 50, las pin-up, ensañando mucha carne y de piernas y busto generoso. En los 60 vuelve la delgadez, con Twiggy y Audrey Hepburn, y en los 70, se hace un refrito, añadiéndole a este canon, las tetas generosas de los 50. Con escasos “restylings” es este el canon que se ha mantenido hasta hoy.
Cine, moda, televisión, famoseo, todo cortado por este mismo patrón. Y por desgracia, todo ello inmerso en una sociedad en la que prima cada vez menos la personalidad y cada vez más el borreguismo y el culto a la apariencia física.

Las “gordibuenas”

Y en los últimos años, bajo apariencia de tolerancia, aparece el nuevo concepto de las “Curvies” o, más castizamente, las “gordibuenas”. Resulta que ahora, no es tan grave estar gorda, dicen, que se puede estar gorda y estar buena (de ahí lo de gordibuena), siempre que se cumplan, eso sí, una serie de condiciones. Ahora viene lo bueno.
Hay que ser guapa, tener estilo, vestir bien, ser estilosa, y una serie de cosas más. Es decir, desde el mundo que dicta las normas de “buenísmo”, se reparten unas migajas de limosna, para que algunas gordas, puedan salir a la calle, playa, piscina o sarao, orgullosas de sus chichas, y, – ahora viene lo bueno -, comprar la ropita tan chuli-divina-de-la-muerte como sus congéneres delgadas. Porque si estás gordo, o gorda, te cuesta dios y ayuda encontrar ropa, no ya que te guste, sino que te sirva.

Así que pasamos de tener a las delgadas obsesionadas por estar además guapísimas, a tener, también, a un grupo de las gordas, preocupadas por lo mismo, porque ahora están en el mercado. Pero en el mercado doble, en el de la carne y en el de la ropa. Y complementos. Al menos por una parte pueden sentirse algo mejor. Pero a cambio, las gordas que no son gordibuenas, pasan a ser las gordas entre las gordas, o sea, las que ya no tienen arreglo posible. El mundo es ahora un sitio un poquito más cruel, si cabe.
Y por otro lado, en los desfiles, siguen desfilando las chicas de siempre, solo que ahora, también hay desfileshilda rojo de curvies. Eso si, no las mezclemos. Y sus líneas de moda. Antes les llamaban tallas grandes, pero ahora no es políticamente correcto. Pero el nuevo nombre no es más que marketing. Vayamos a Zara a ver si tenemos tallas desde 36 hasta 56, por ejemplo, de los mismos productos. ¿Cuando veremos una presentadora de TV gordibuena?
Pero, y ya termino, ¿y por qué  ni buena ni gordibuena, sino normal? ¿Por qué hablar más de su atractivo que de su rigor informativo? ¿Por qué le damos tanta importancia a la apariencia física que nos hemos buscado una excusa para exprimir también la naranja de los que no contaban?
No me extrañaría que en algún tiempo se ponga de moda ser fea y entonces vengan sus productos específicos. Y entonces, como ahora escucho, “Ah, pues fulanita es curvie”, escucharemos a amigos nuestros presumir de sus amigos o amigos feos. O feas.

¿Y los “gordibuenos qué?

Y lo que aún falta es, ¿donde encajan los tíos curvies o gordibuenos? ¿Aún no los han inventado, los tienen en barbecho o es que el estudio de mercado dice que no son rentables? Porque de la cintura estrecha, torso fibrado y rasgos cincelados no nos apeamos.

Sigamos diciendo que la belleza está en el interior, lo importante que es la personalidad, y sigamos mintiéndonos. Esta sociedad sigue apostando por la perfección física. Por desgracia.

Trailer de Happiness

Foto:  Em Dem 

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